Los abogados (hombres) y el 8M

por | marzo 8, 2022

Es difícil escribir sobre el 8 de marzo y los hombres que son abogados o juristas.

Me caerán críticas supinas e incluso desagradables, pero no por ello voy a invisibilizar a los hombres que ejercen nuestra profesión o que son juristas.

Por supuesto que hace más de 120 años que Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para poder estudiar Derecho, pero no debemos olvidar que, en España, los hombres cedieron sus “privilegios” legales de forma voluntaria y todo el pueblo español lo hizo en 1978 cuando votamos a favor de una constitución moderna y que era respetuosa con los derechos humanos y, especialmente los de las mujeres.    

Pero ahora parece que todos los problemas que durante siglos hemos padecido los hombres cuando ejercían una profesión, son ahora problemas insuperables para las mujeres.

He leído que en estos días que algunas mujeres abogadas se quejan de los problemas que sufren por ser mujeres. Como si los hombres no hubieran tenido y siguen teniendo problemas por ser hombres.

Como si los hombres nunca hubiéramos sacrificado parte de nuestras vidas por nuestra profesión.

Veamos qué problemas tenemos unos y otras cuando ejercen de abogados/as:

1º.- Los abogados tienen una esperanza de vida de 8 años menos que las mujeres abogadas.

No hay que ser abogado para saber que esto es así. No será tan malo ser mujer profesional cuando su esperanza de vida en mayor que la de los hombres.

Cada año mueren más abogados que abogadas, y nadie piensa en ello. Ni nos quejamos.

2º.- Sólo un escaso 44% de los aspirantes a la abogacía, son hombres. La mayoría son mujeres.

En las universidades, son las mujeres las que tienen una mejor facilidad para estudiar (mejores prestaciones, más ayudas, etc.), ya que muchos chicos optan por intentar ganar dinero en trabajos menos cualificados porque se les exige seguir siendo contribuidores al sostenimiento familiar desde muy jóvenes.

3º.- El fracaso en las facultades de derecho es muy superior en los chicos que en las chicas.

No existe una red de apoyo a los chicos que sufren fracaso escolar (Un 80% de chicos frente al 20% de chicas según Ministerio de Educación) 

4º.- La mayoría de las mujeres que estudian derecho, optan por no ser abogadas sino hacer unas oposiciones, como por ejemplo a judicatura. Parece ser que muchas más mujeres optan por la “seguridad” de un sueldo fijo, que los hombres.

5º.- El mayor peso de la responsabilidad en muchos despachos recae en los hombres ya que hay menos abogadas en puestos de responsabilidad en despachos.

Hay ramas que están más feminizadas que otras. Pero ello no significa que a las abogadas se las obligue a tomar un camino u otro. En España cada ciudadano elige su futuro. Hace años que no estamos en una dictadura. 

Mujeres que optan por trabajos con menos horas, menos salario, o menos proyección profesional. Hombres que también lo hacen y esto se ignora.

Y digo optan y no que se les obligue. Porque mucho quejarse de todo ello, pero no veo que ninguna abogada diga que tuvo que reclamar ante un Juzgado el que se prohibió trabajar más, o el optar a un puesto más alto por ser mujer.

Se quejan de forma falaz de que sólo el 20% de los puestos directivos de los grandes despachos lo ocupan mujeres o de que no son elegidas a decanas de colegios.

Pero, ¿alguien les ha prohibido presentarse alguna vez a Decanas?

¿Alguien les ha prohibido montar un gran despacho y ser ellas sus responsables?

Creo que no. Ya que, si así fuera, estaríamos hablando de otra cosa, pero esto no pasa en España.

De hecho, en la abogacía es la única profesión en la que existe una asociación profesional en la que se prohíbe a los hombres en sus filas (Asociación de Juristas Themis) y en la Judicatura ocurre otro tanto de lo mismo, donde hay una asociación de juezas que no permiten a hombres en sus filas.

¿Se imaginan que fuese a revés? Sería un escándalo, como diría Raphael.

Se habla de que la desigualdad en la abogacía es una cuestión de percepciones, pero esto tampoco es cierto. La libertad de optar por un camino laboral u otro, no se impone a nadie.

Toda mujer puede obtener lo que se proponga como cualquier hombre. Así al menos se lo he trasmitido a mis hijas.

Otra cosa son las decisiones que vas tomando en la vida. Si decides sacrificar tu vida laboral para tener hijos, es una opción. Nadie obliga a una abogada a tener hijos. Ni a un abogado.

Los abogados llevamos decenas de años sacrificando nuestra paternidad presencial cambio de obtener una mayor seguridad y estabilidad económica para la fratria. Y nadie les obligaba a ello tampoco. Sino que era una elección personal.

No existe brecha salarial, sino una brecha de opciones vitales frente a la capacidad de sacrificar una parte de tu vida en pro de ser mejor abogado o con más dedicación. Para ser un buen jurista, hay que poseer mucho tiempo de estudio, reflexión y dedicación.

Si no lo tienes, debes aceptar tus limitaciones. Por eso opino que no es una cuestión de percepción, sino de que muchas abogadas no han estado dispuestas a sacrificar su vida personal en pro de alcanzar mejores metas profesionales.

Deben elegir entre uno y lo otro y la decisión es muy dura: ser o no ser como los hombres.

SACRIFICIOS

Apenas se habla de los sacrificios que hacen miles de abogados para alcanzar sus metas profesionales. Y lo que es mejor: los abogados apenas se quejan de ello y menos en público, ya que ello es una muestra de debilidad que en el mundo profesional no es permisible mostrar.

El mundo de la abogacía es una jungla donde el pez gordo se come al pequeño o el listo al menos listo, etc. Hay unas reglas de juego que las abogadas pretenden cambiar sólo porque no les gusta la profesión que han elegido o sí les gusta, pero no les gustan los sacrificios que ello conlleva.

Hace años hablaba (París, 1991) con una dirigente del movimiento feminista norteamericana de cómo se sentían muchas mujeres con el engaño de la doble jornada de las mujeres, eso de trabajar dentro y fuera de casa y que ello las haría más libres e independientes.

Yo le hablaba de la triple jornada, porque para trabajar fuera de casa como una buena profesional les exigía además el tener un cierto aspecto y mostrar una cierta competitividad. Una mujer debía cuidar también su imagen profesional y mostrarse fuerte y segura “TODO EL TIEMPO”.  Como siempre les ha pasado a los hombres. 

Mantenía yo por aquel entonces que el feminismo que hacia creer a las mujeres que el trabajo fuera de casa las haría sentir mejor y más felices, pero no las había preparado para la competición continua y agotadora que hay fuera de casa y menos en las profesiones liberales.

De hecho, la existencia de las quejas de las abogadas de estos días, no hacen otra que darme la razón. No están contentas con sus vidas ni son felices. O si lo están, no lo parecen.

Si miles de personas montaran un restaurante, sería lógico que sólo unas pocas obtendrían éxito, ya que el mismo mercado va poniendo a casa uno en su sitio. Pues estas mujeres que se quejan tanto lo que vienen a decir es que sus restaurantes fracasan o no son famosos e influyentes es porque son mujeres. Inaudito.

Pero ¿Por qué los hombres no se quejan en igual medida?

Hay miles de abogados que trabajan en despachos de abogados importantes que nunca llegan ni llegarán a ser socios ni jefes. Hay miles de abogados que ganan mucho menos que su jefe o jefa. Hay miles de abogados que deben buscarse la vida y ayuda externa para que alguien recoja a los niños del colegio, por ejemplo. Hay cientos de abogados jóvenes que no se pueden independizar de sus padres y siguen dependiendo de los miserables honorarios del turno de oficio, pero los hombres no se quejan, salvo en esto último.

Véase el movimiento Altodo.

Se les ha hecho creer a muchas mujeres que ser buena profesional es compatible con todos los demás aspectos de la vida y no es cierto.

Si quieres ser mejor, más competitiva, más famosa, etc., ello tiene un precio. Y eso los hombres lo sabemos desde hace varias generaciones.

¿Se quejan los hombres ucranianos que se quedan para defender a su país?

Pues no. Es más, sienten que una de las condiciones de ser hombres es eso: dar su vida por su familia, su casa, su estilo de vida, su libertad y su país.

Sin embargo, sí escuchamos muchas quejas de mujeres ucranianas porque han perdido su país, su casa, sus maridos, etc. Y lo comprendemos, pero no es lo mismo.

Las abogadas que tanto se quejan en redes sociales y medios de ser mujeres no ofrecen ninguna solución, sino es a costa de los hombres. Y eso no sólo está mal, sino que hasta parece un argumento muy infantil.

Quieren lo bueno del mundo profesional, pero sin pagar ningún sacrificio. Porque ellas tienen derecho por ser mujeres.

Explicaba en Portugal hace unos años en una conferencia sobre custodia compartida que los días tienen 24 horas y necesitamos al menos un tercio para dormir. Nos quedan 16 horas.

De esas 16 horas al menos debemos trabajar 8 horas. Y nos quedan otras 8 horas del día.

En esas 8 horas debemos: desplazarnos, asearnos, vestirnos, alimentarnos, llenar la nevera, comprar el pan, estar con los niños, darles de comer, llevarlos al cole y recogerlos, asearlos, estar pendientes de ellos, estar con tu pareja, tirarte en el sofá a ver una película (si puedes), repostar gasolina del coche o enchufarlo, planchar, poner lavadoras, hablar con las amigas/os, estar pendiente del Whatsapp y de las redes sociales varias (dar me gustas y eso), ir a la farmacia que el niño se ha puesto malito, llevarlo a médico, etc.

Y la casa debe estar aseada, ordenada, y la ropa en sus armarios lista para ser usada de nuevo. Y si puedes, por la noche, tener sexo.     

Pues al igual que cuando fui padre decidí trabajar menos fuera de casa y estar más implicado en mi vida familiar, mis compañeras pueden hacer lo mismo. Pero uno debe ser consciente que ser padre o madre (o tener pareja estable) tiene un coste en lo profesional, de una forma u otra. Salvo que aspires a ser un hombre o una mujer decimonónica y tradicional.

VIDA FAMILIAR

Cuando optas por tener una vida familiar propia, debes decidir cuáles son tus prioridades. Tengo amigos abogados que apenas conocen a sus hijos o que no saben ni el nombre de sus mejores amigos de sus hijos. Y tengo amigas abogadas que les ocurre lo mismo. Pero no se quejan, porque en la balanza de sus decisiones son coherentes con el estilo de vida que han elegido.

Lo que no es coherente ni maduro es elegir un estilo de vida o una profesión y luego quejarte de tu decisión, con el consabido “es que porque, el profe me tiene manía”, o “es que, porque soy mujer”.

Hablo con amigas abogadas que decidieron ser (y son) muy buenas abogadas y optaron por renunciar a ser madres o a tener pareja estable. Y no se permiten el lujo de quejarse de su opción vital, porque son coherentes consigo mismas.

Los hombres aceptamos las limitaciones de la vida familiar que entraña una mayor dedicación a la profesión, y aceptamos que no se puede estar en misa y repicando.

Muchos abogados jóvenes a los que conozco de cerca no son como los antiguos abogados que eran padres y maridos ausentes. Y no sólo abogados, sino en muchas profesiones. Hoy los veo renunciar a cosas porque es que “tengo que llevar al peque al médico”.

Si hay abogadas que cobran menos por el mismo trabajo que un hombre, no deben quejarse. Lo que deben hacer es denunciarlo en los Juzgados. En Valencia, hace unos años, un conocido empresario daba una recompensa a quien demostrase un solo caso en que una mujer y un hombre con el mismo horario laboral y las mismas tareas y antigüedad, cobrasen distinto. Hoy el premio sigue desierto.

Victoria Ortega del CGAE se queja de que hay pocas abogadas socias o jefas en los grandes despachos, precisamente porque las cargas familiares recaen más en las mujeres. Y es cierto, pero el problema real no es de esos despachos, sino de las propias abogadas que no son capaces o no quieren exigir en casa un trato paritario en el reparto de las tareas en el hogar.

Echo de menos que desde el CGAE se exija la implantación de la custodia compartida y paritaria en casos de separación y/o divorcio. Una herramienta que equilibraría mucho la vida de muchas abogadas divorciadas sin duda.

La compañera Rocío Reyero, es mucho más coherente dando soluciones dado que ella apuesta por el “role models” y creo que es lo que mejor está funcionando en beneficio de una verdadera paridad en el trato. Muchas abogadas ya creen en sí mismas y no necesitan más que se crea en ellas por sus méritos y no sólo por ser mujer. Ya basta de quejarse tanto y hay que trabajar más la autoestima.

Rosa Vidal afirma que son las propias abogadas las que se limitan a sí mismas. Y añado que no sólo eso es así, sino que además hay un factor elemental en ello y es el hecho de estar dispuesta a sacrificar parte de su vida personal, como hacen muchos abogados y juristas.

Otras abogadas que muestran sus quejas en público insisten en lo mismo y es que lo tienen más difícil por ser mujeres. Olvidan de los miles de abogados hombres que tampoco llegan y que sólo unos pocos son los “elegidos”.

Otras, en cambio, se quejan de haber recibido un trato degradante en su experiencia profesional o personal con gente maleducada. Piropos, comentarios sobre su físico y demás. Como si los hombres no recibiéramos nunca un trato degradante alguna vez en la vida por ser altos, bajos, calvos, feos, gordos cuatro ojos, pesados, graciosos, serios, etc. E

n el hogar tú pones tus normas de educación, pero ahí fuera en el mundo competitivo de la abogacía, uno/a debe estar preparado para todo eso y más, porque nos codeamos con personas en conflicto en donde la educación y el respeto suele brillar por su ausencia.

Yo he sido objeto de burlas e insultos por parte de compañeras y no he “sentido” que lo haya sido por ser hombre, sino que he comprobado que eran unas maleducadas o simplemente malas personas. Y si alguna/o se ha propasado más de lo aceptable en la pelea judicial, no me ha temblado el pulso de quejarme al Colegio de Abogados pidiendo amparo. De hecho, la presidenta de una famosa asociación de juristas feministas que sale mucho en la tele, ha sido sancionada recientemente por insultarme en un escrito judicial.

Y esto es lo que hay que hacer: actuar y no quejarse.

Si te tratan mal por ser mujer, denuncia. Igual que aconsejo a cualquier hombre.

Para terminar, debo decir que conforme la abogacía se ha ido feminizando se ha logrado contar con muchos recursos dedicados a los problemas de las compañeras, muchos de ellos siguen sin resolverse aún a pesar de las quejas.

Queda demostrado que, pese a todos estos recursos, pese a la incorporación de muchas compañeras a cargos directivos en colegios y CGAE, los problemas que sienten que sufren las abogadas compañeras siguen sin resolverse.

No es una cuestión de paridad de sexos o de género sino una cuestión de competencia y eficacia.

Cuando veo a una compañera decir que se siente mal o que está muy limitada en su profesión por ser mujer, pienso en cómo se sentirán sus clientes.

Yo no contrataría nunca a un abogado que se sintiera víctima por sufrir la dureza del mundo de la abogacía. Y si no estás dispuesta/o a sufrir los envites de las olas, no hagas surf.

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