La presentación de la biografía “Alberto Elzaburu” se convierte en un homenaje público a uno de los grandes abogados de la historia

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Alberto Elzaburu falleció el 11 de abril de 2020. Tenía 92 años. Fue una de las primeras víctimas de la pandemia. Su despedida de este mundo, como la de decenas de miles de españoles en aquel entonces, no pudo ser más solitaria, desoladora y triste.

Fue una pena porque Elzaburu fue, aparte de un gran abogado, una gran persona y un patriota, en el sentido etimológico de la palabra, según la RAE: “Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”.

Aunque también cabría aquella otra que acuñó Antonio Machado en su poema “Retrato”, adaptado a su persona: «Alberto era, en el buen sentido, de la palabra bueno”. Lo que suscriben todos los que le conocían.

Había ganas de despedirlo como se merecía, ahora que se ha recuperado la normalidad. De recordar lo que hizo. De cómo contribuyó a cambiar las cosas, para bien, en España, desde su parcela, desde su bufete, Elzaburu SLP, una firma internacional con 157 años de historia a sus espaldas. Especializada en la defensa de los derechos de propiedad industrial e intelectual y en las marcas.  

Por eso la presentación del libro “AE.Alberto Elzaburu”, del que es autor Mario Crespo López, historiador y académico correspondiente de la RAE, se convirtió en ese homenaje, ese “adiós” público que se le debía, y que estuvo organizado por Ana Luisa Marroquín, “Lula”, su viuda, y por el Banco Santander.

El autor de la biografía «AE. Alberto Elzaburu» es Mario Crespo, historiador y académico correspondiente de la RAE.

Un homenaje multitudinario que presentó llenó hasta la bandera del aforo del auditorio que este banco tiene en su sede central de Madrid, abarrotado con más de 260 personas.

Entre ellos seis ministros: Federico Trillo, Dolores de Cospedal, Pedro Morenés, Íñigo Méndez de Vigo, Eduardo Serra e Isabel Tocino, actualmente vicepresidenta de Santander España.

Plano general del auditorio del Banco Santander. Presentó lleno.

Tocino condujo todo el acto, tras la presentación de Julia Fernández Cantillana, directora de Santander Justicia, y la intervención obligada del autor del libro.

Mario Crespo relató que no conoció en vida a Elzaburu pero la investigación que llevó a cabo para escribir su biografía le ha permitido entender, de una manera profunda, y privilegiada, a la persona y la obra de uno de los grandes juristas españoles.

El resultado final es el de gran admiración por la persona. Porque Elzaburu era uno de esos “gigantes” de la historia sobre cuyos hombros otros se elevan para tocar las estrellas.

Julia Fernández Cantillana, directora de Santander Justicia, durante su intervención.

ISABEL TOCINO, CONDUCTORA DEL HOMENAJE

En ese acto, Isabel Tocino se erigió en conductora de un viaje muy especial hacia la persona de Alberto Elzaburu a través de tres amigos personales suyos: Carlos Espinosa de los Monteros, exalto comisionado del Gobierno para la marca España; Antonio Garrigues, fundador y presidente de honor de la firma Garrigues; e Ignacio Vicens, arquitecto y catedrático emérito de la Universidad Politécnica.

Tocino hizo un repaso a la vida de Alberto Elzaburu. Describió su personalidad, tan especial y su gran generosidad en todos los ámbitos.

“Fue un gran profesional y una gran persona que, aun naciendo marqués y proviniendo de una familia acomodada, llevó el despacho que heredó hasta lo más alto, en la protección de intangibles en el mundo. En ese proceso se convirtió en un líder visionario, humanista y empático que consiguió cambiar muchas cosas”, afirmó Tocino.

Destacó, además, su talante abierto y su dominio de cuatro idiomas, lo que le permitió proyectar la firma Elzaburu con facilidad en Europa, Iberoamérica, Estados Unidos o China.

La sonrisa era la «marca» de Alberto Elzaburu, por lo que siempre se le distinguía; su talante, se diría hoy. Foto: La Razón.

Plano desde el público del acto de presentación del libro y de homenaje a Alberto Elzaburu.

Alberto Elzaburu pertenecía a la quinta generación de la familia, que asumió la dirección del despacho a partir de 1960. Una familia que en el siglo XIX fundó la Asociación Abolicionista de España, contra la esclavitud, con la que consiguió movilizar a la opinión pública para que se suprimiera ese “negocio” y esa lacra de los territorios que todavía formaban parte del Imperio Español.

En 1972 Alberto Elzaburu consiguió un gran éxito en el congreso de la Association of International Property Professionals (AIPP), que tuvo lugar en México: la adopción del español en reuniones, comités y congresos de esa Asociación, al mismo nivel que el inglés, francés y alemán.

En 1975 fue elegido presidente de la Federation Internationale des Conseils en Propiété Industrielle (FICPI), que tenía su sede en Basilea, Suiza.

Elzaburu, durante su mandato, consiguió convertir esta organización de ámbito europeo en otra de proyección internacional.

SU PAPEL FUE DECISIVO EN TRAER LA OFICINA COMUNITARIA DE MARCAS A ESPAÑA

Su presencia se hizo sentir en múltiples organizaciones. Pero de lo que estaba más orgulloso fue de su trabajo de “lobby”, al frente del Comité de Apoyo al Establecimiento en España de la Oficina Comunitaria de Marcas.

“Diseñó un mapa de Europa en el que una raya mostraba que en el sur no había ninguna institución mundial de la propiedad industrial e intelectual, y fue mostrándolo por toda Europa, defendiendo la candidatura de España para que hubiera equilibrio entre el norte y el sur. Londres era el principal rival, pero le permitieron actuar en la BBC defendiendo la candidatura española”, relata Xavier Gil Pecharromán en su libro “Abogados del Poder”.

“Finalmente, la Oficina Comunitaria de Marcas se instaló en Alicante. Fue una sorpresa, porque ya estaba preparado todo en Madrid, pero el Gobierno de Felipe González decidió que se instalase en Alicante. El bufete tuvo, entonces, el honor de representar a la AIPP y obtener la primera marca comunitaria, la número uno. Otro hito que mostrar en el museo de su sede”, añadía el conocido periodista y escritor.

Los tres amigos de Alberto Elzaburu. De izquierda a derecha, Ignacio Vicens, Carlos Espinosa de los Monteros, Antonio Garrigues e Isabel Tocino.

Porque la firma Elzaburu, SLP, ahora asentada en la planta 28 de la Torre de Cristal, en Madrid, tiene un museo con los registros tan espectaculares como el del autogiro, de Juan de la Cierva, antecedente del helicóptero; o los registros del micrófono para el teléfono y las bombillas de larga duración, de Thomas Alva Edison, uno de sus clientes; el del teléfono, de Graham Bell; Sal de Frutas Eno, el Ron Negrita o Martini Rossi.

Por aquella visión y por su persistencia en traer esta importante Oficina Comunitaria de Marcas a España el sucesor de Felipe González al frente del Gobierno, José María Aznar, le concedió la Gran Cruz de Isabel La Católica.

Carlos Espinosa de los Monteros, en su intervención, resaltó el amor que Alberto Elzaburu tenía a nuestro país.

Llevaba orgullosamente a España por todo el mundo, contando con el apoyo del Rey en muchos de sus proyectos. Y afrontando retos de máxima relevancia con empresas y entidades del mayor prestigio. Aquello situó a Alberto como referente en su especialidad a nivel internacional”, contó Espinosa de los Monteros.

LA GRAN GENEROSIDAD DE ALBERTO ELZABURU

Antonio Garrigues habló de la gran generosidad que siempre puso Alberto Elzaburu en todo lo que hacía. Tanto en su trabajo diario como en lo personal.

“Hay dos tipos de personas: las que reciben más de lo que dan y las que dan más de lo que reciben y que esto divide el mundo. Alberto Elzaburu dio mucho más de lo que recibió. Hizo una aportación enorme a la sociedad y a las personas de su entorno, lo cual es un ejemplo para todos. ‘Siempre podemos hacer más’, solía decir Alberto”, relató Garrigues.

Ignacio Vicens, por su parte, destacó el lado familiar, como amigo íntimo del protagonista, y de su familia.

Alberto poseía una gran fe. Fue la que le guió para conseguir que fuera plena, que lo fue. Era un hombre vital, lleno de vida. Sus labios siempre dibujan una sonrisa. Esa es la constante en la mayor parte de las fotos que tengo de él, muchas de las cuales figuran en el libro. Como esta que vemos aquí, en el auditorio, con un joven Alberto corriendo por la playa sonriente y desenfadado”, remarcó visiblemente emocionado.

José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid, clausuró el emotivo acto poniendo en valor el legado de Alberto Elzaburu.

“A pesar de no haberlo conocido en persona, soy consciente de la impronta que ha dejado en nuestra sociedad y de que, sin duda tras leer el libro, se magnificará aún más su figura. Porque es de justicia”, concluyó.

José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid, cerrando el acto de homenaje a Alberto Elzaburu.

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