La eficiencia absoluta al asalto de la Justicia

por | mayo 16, 2022

Todos sabemos que en estos tiempos de los «Big Data», se ha venido imponiendo la idea de la eficiencia absoluta (EA) como un fin a obtener por cualquier medio. El regreso de un concepto que choca con las libertades individuales: el fin justifica los medios.

El antiguo colonialismo de la lucha por el control de los recursos naturales se ha sustituido, de alguna forma, por el control de la información y de los datos de cada individuo.

Y ello es cierto en gran medida, en cuanto esta nueva guerra tecnológica produce pingües beneficios económicos y réditos políticos.

Mientras la Unión Europea se preocupa de cosas como la regulación de la información, la monetización de la naturaleza, la justicia social, el cambio climático, la igualdad de género, los problemas de integración de la inmigración, la resiliencia, etcétera, llega Vladimir Putin y nos da un baño de realidad.

La realidad cotidiana se impone a la farsa de los conflictos identitarios.

La clase política y funcionarial de la UE ha descubierto que los europeos necesitan el petróleo y el gas para no morir de frio, para cocinar o simplemente para ir a trabajo.

Estamos descubriendo una Europa fallida. Una Europa en la que sus actuales dirigentes son incapaces de estar a la altura para responder a las verdaderas necesidades de sus ciudadanos, porque están más pendientes de los datos, algoritmos y de la intención de voto.

Parto de la idea de que los procesos de los algoritmos son multifuncionales y multidimensionales, en los que miles de algoritmos convergen en un único resultado (eficiencia absoluta) no comprobable ni controlable.

Son procesos no lineales que no se pueden reconstruir. Por lo tanto, muy difíciles de controlar y supervisar por parte de la justicia.

Hemos perdido la libertad de decidir sin influencias. El uso de las Redes Sociales y sus algoritmos nos roban nuestros datos para crear patrones que nos convierten en seres predecibles de cara al consumo o al voto que depositaremos en las próximas elecciones.

Ahora se pretende que esto sea así en la Administración de Justicia.

Dejamos de ser seres humanos para convertirnos en datos procesados para que los algoritmos decidan por nosotros para dirigirnos e influirnos hacia determinadas formas de vivir, pensar, mirar, comprar y comprender la vida. Incluso a la hora de dictar una sentencia. Y en este camino, estamos perdiendo nuestra libertad.

Y esto está siendo así en la tarea legislativa, que se ha convertido en un fin en sí misma, con el objeto de obtener la excelencia legislativa y la eficiencia absoluta (EA).

Esa eficiencia legislativa absoluta, está permitiendo que se justifique la limitación a nuestro libre albedrio, a costa de exigir a los ciudadanos a ser eficientes de forma absoluta.

Pero la eficiencia absoluta no existe, ya que ningún sistema es perfecto.

Si exiges por una ley la EA, ésta se convierte en una ideología en la debes creer, creando así una nueva forma única y suprema de pensar, que no necesita explicar los fallos del mismo sistema.

De hecho, esta eficiencia legislativa imputa a los que no aceptan ese pensamiento absoluto y único un grado de disidencia que los hace indeseables. Los nuevos proscritos de la sociedad.

Se nos vende la idea de que con estas leyes se va a lograr el “0 casos” de violencia de género. Una falacia donde las haya.

O que la verdadera igualdad es la paridad en los órganos de poder empresarial, político y social, cuando no hay evidencia científica alguna que demuestre de que ello es así.

¿Por qué no una verdadera igualdad entre gordos y flacos?

CUANDO LAS MUJERES MANDEN

Nos venden la idea de que la sociedad mejorará cuando las mujeres manden y que las mejoras sociales dependerán sólo del sexo de quienes promulgan e implementan leyes, independientemente de que sean unos incapaces o unas inútiles.

Quien vende eficiencia absoluta es porque aspira a tener mayor poder sobre los demás, sea quienes sean.

Apenas nos planteamos qué tipo de poder es el que alimenta esta idea. Y llego a concluir que, frente a la incompetencia e inutilidad de tanta clase política, la EA no es más que un concepto que esconde la incompetencia de muchos y muchas de ellas y que, irremediablemente, nos llevará a nuevas formas de autoritarismo.

La EA mata el pluralismo político o lo reduce a un enfrentamiento irreconciliable entre quienes creen en ello y los que no.   

La EA tiene un alto coste para nuestras libertades (la libertad de expresión, por ejemplo). Tiene un alto coste para nuestra escala de valores que resulta minada poco a poco a través de las aplicaciones algorítmicas que tienden a ser absolutamente exigentes con la eficiencia de cada mensaje, discurso o del comportamiento de cada uno de nosotros.

La cultura “Woke” o de la cancelación es un claro ejemplo de ello.

Olvida que cada ser humano tiene unas capacidades individuales únicas y diferentes.

Basta leer varias exposiciones de motivos de la ultimas leyes españolas, francesas, neozelandesas, etc. para comprobar que se legisla bajo el prisma de la eficiencia legal absoluta, con el único objetivo de implantar una ideología fallida de antemano: el socialismo identitario que anula al individuo y a las personas, para convertirlas en grupos.

A ser posible, en grupos de víctimas de lo que sea.

El pragmatismo está ausente en todo este movimiento.

Parece que las leyes se hacen ahora por aquellas “misses” de Miss Universo que decían: “yo quiero la paz en el mundo”. O comprobar cómo Ucrania ha ganado Eurovisión.

Leyes llenas de una falsa verborrea ideológica que apenas regula el sistema de recursos económicos para implementarlas. Sólo hay dinero para la propaganda y sus soportes políticos.

En nombre de esa EA, se están usando algoritmos en la gestión fiscal, en la gestión de la seguridad nacional, en la educación, en la justicia o en la seguridad social. Un uso que está dando lugar a un abuso por parte de la administración para controlar, más aún y de la peor manera posible, a los ciudadanos y de forma más específica, a los que tienen una opinión propia y diferente.

Y lo peor es cómo se está programando a la infancia en los nuevos “templos del saber” para crear nuevos fieles de estas políticas, que los convierten en miembros de grupos identitarios (los chicos son los agresores y las chicas las víctimas).    

TODO CONFLICTO ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER ES VIOLENCIA DE GÉNERO

Se legisla con EA. Todo conflicto entre un hombre y una mujer es violencia de género. Todo rechazo de un niño a su madre es violencia vicaria. Toda mujer, en igualdad de méritos y condiciones, tiene preferencia en determinadas oposiciones.

Una de las características más progresistas de la Jurisprudencia es la de ir adecuando la interpretación de las normas a la realidad social de cada momento (art. 3.1 del Código Civil).

Creo que una de las características del progreso de la humanidad hasta llegar a la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha sido la capacidad de explorar y estudiar otras posibilidades a las establecidas a priori. Rechazar o poner en duda lo absoluto y lo establecido, para progresar.

Las leyes tienen una clara finalidad y es la de regular las relaciones humanas y las relaciones de los ciudadanos con las instituciones. La justicia tiene entre sus funciones una muy importante y es la controlar los abusos de poder.

El uso del «Big Data» por lo estados democráticos ha logrado desbaratar los avances en el estado del bienestar y del estado de derecho. Y en todo este sinsentido, les falta un elemento que controlar plenamente, cual es la Justicia.

La ambición en el control de los datos y de las personas a través de la EA ha provocado que todos sintamos que el sistema se tambalea. Que sintamos que el grado de incertidumbre nos paraliza.

Por ejemplo, tras la idea de un País Vasco o una Cataluña independiente no hay otra cosa que la falaz idea de la EA: Porque fuera de España serán más eficientes. Porque, “sólo nosotros “ gestionaremos nuestros recursos y mejor. Porque “España, nos roba”

Pero la gente se ha sentido engañada porque ni el País Vasco ni Cataluña tienen recursos propios para salir adelante ellas mismas. Salvo la política identitaria, que no es más que una nueva forma de racismo.  

La EA tiende a reducir el resultado del trabajo de cada ser humano, porque todo aquel que sea creativo o diferente será apartado de la ciudadanía que es obediente.

En la justicia hemos visto esta forma de proceder contra jueces, tras la condena de los golpistas catalanes o jueces que dictan sentencias contra los intereses de quienes representan la nueva religión de la EA.

Si no eres un creyente o seguidor incondicional de esta nueva forma de irracionalidad implacable que es la idea de la EA, te quedarás fuera y, por tanto, es aceptable el discriminar a las personas que tienen ideas diferentes.

Así compruebas cómo desde el Gobierno se entregan fondos a medios de comunicación, sindicatos o asociaciones afines y se castiga, por ejemplo, a las Comunidades Autónomas en donde gobierna la oposición.

Se debe aceptar por la ciudadanía el que se hayan aprobado (más de 300 en los últimos 15 años) leyes y reglamentos, tanto estatales, autonómicas, forales y municipales en las que se discriminan a los hombres por el hecho de ser hombres.

Se acepta la discriminación por razón de sexo como si nada.  Y con ello se normaliza la cultura de la cancelación (woke), que no es más que una nueva forma de crear un archipiélago Gulag para hacer invisible al que disiente.

Los jueces que dictan sentencias basadas en los derechos fundamentales que nos han permitido avanzar hacia una sociedad cada vez más justa, se convierten en disidentes de este nuevo sistema de la EA.

La EA ya se puso en práctica en el pasado, sobre todo por el régimen nazi y por los regímenes soviético y chino. Y cómo estos regímenes tuvieron que tomar el control de los jueces para lograr sus fines.

La EA ha creado una nueva definición del bien o del mal, de lo correcto y de lo incorrecto y todo ello, se impone a la ciudadanía con formas claramente totalitarios (Decretos de Estado de Alarma).

La EA necesita hacer desaparecer el espíritu crítico y la pluralidad de ideas, porque ello puede dejar al desnudo los fallos del sistema que se supone perfecto.

Bajo la aparente neutralidad de la idea de la EA se están dando pasos atrás en los avances sociales (igualdad real, libertad de expresión, etc.) y que nos impiden avanzar para mejorar nuestros sistemas democráticos.

Porque el mismo concepto de neutralidad es rígido en sí mismo. Los abanderados de la neutralidad la usan como herramienta política para impedir transformar las sociedades, con el objeto de mantener el poder económico, social y político. Lo hemos comprobado con el comportamiento de la UE: “Vamos a castigar a Putin, pero seguimos comprando su gas y su petróleo”.

Se disfraza la aparente neutralidad del uso de las nuevas tecnologías (EA) cuando realmente se esconde una realidad ideológica con claros tintes totalitarios.

La administración de justicia se ha convertido en una especie de “Resistencia” frente a esta nueva religión ideológica que pulula por toda Europa y por eso existe una lucha tenaz por tomar su control. No pueden permitir que los jueces pongan en duda la EA y sigan aplicando los derechos humanos a todos por igual.

La justicia es el último bastión que hay para defender nuestros derechos y nuestras libertades. Por eso la decisión a tomar por cada uno de nosotros es elegir entre la EA o la libertad y la Justicia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.