El último cartucho de Carlos Lesmes: así intentará ser magistrado del Tribunal Constitucional

por | julio 21, 2022

A Carlos Lesmes, presidente en funciones del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo desde hace tres años y siete meses, el último gambito de dama del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados, le ha beneficiado de forma directa.

La reforma del artículo 599.1.1ª de la Ley Orgánica del Poder Judicial para que «la propuesta de nombramiento, por mayoría de tres quintos, de los dos Magistrados del Tribunal Constitucional cuya designación corresponde» al CGPJ tenga que realizarse dentro del «plazo máximo de tres meses a contar desde el día siguiente al vencimiento del mandato anterior», le viene como anillo al dedo.

Como el título de la película que interpretó Jack Nicholson, «Mejor imposible».

Porque con un poco de persuasión y algunos favores, Lesmes podría hacer su sueño realidad: convertirse en uno de los dos magistrados del Tribunal Constitucional que tiene que elegir el Consejo General del Poder Judicial antes del 12 de septiembre próximo.

Actualmente el CGPJ está formado por 19 miembros, tras la jubilación, el pasado mes de marzo, de Rafael Fernández Valverde, y del reciente fallecimiento de la magistrada Victoria Cinto.

La correlación de fuerzas, a día de hoy, está como sigue:

El lado «progresista» lo conforman por ocho vocales: Álvaro Cuesta Martínez, Clara Martínez de Careaga García, Roser Bach Fabregó, Rafael Mozo Muelas, Pilar Sepúlveda García de la Torre, María Concepción Sáez Rodríguez, María del Mar Cabrejas Guijarro y Enrique Lucas Murillo de la Cueva que, aunque elegido por el PNV, siempre se ha posicionado con este grupo.

El conservador está formado por diez vocales: Vicente Guilarte Gutierrez, José Antonio Ballestero Pascual, Gerardo Martínez Tristán, Juan Martínez Moya, Nuria Díaz Abad, Carmen Llombart Pérez, Wenceslao Francisco Olea Godoy, Juan Manuel Fernández Martínez, José María Macías Castaño, María Ángeles Carmona Vergara.

Y el propio Lesmes. Con lo que suman 11.

NECESITA SOLO 12 VOTOS PARA SER MAGISTRADO DEL CONSTITUCIONAL

Su «número mágico» es el 12.

Solo debe conseguir 12 votos para pasar de la Presidencia del CGPJ y del Supremo al Tribunal Constitucional, lo que el propio Lesmes entiende que es norma –lo suele contar a quien quiere oirle–; cita para ello a sus antecesores en el Consejo y el Supremo Francisco Hernando, Javier Delgado Barrio y Pascual Sala.

Pero se olvida, qué cosas, de Carlos Dívar, de Gonzalo Moliner. O de Antonio Hernández Gil y Federico Carlos Sáenz de Robles, que nunca ocuparon cargo en la pirámide trucnada de la calle Doménico Scarlatti, sede del Constitucional.

Lesmes debe conseguir 12 votos. Sólo 12 votos. Tres quintas partes del total, que es lo que manda la ley.

Los ocho del lado «progresista» y cuatro de su lado, para que nos entendamos.

No necesita a todos «los suyos». Solo tiene que jugar bien sus cartas.

El planteamiento a los vocales progresistas, directo y claro, sería: «¿A quién planteáis como candidato vuestro de magistardo al Constitucional? ¿Fulano? De acuerdo. Os lo garantizo. A cambio tenéis que votarme a mí para el otro puesto?».

Así de simple.

Tendría que convencer a tres vocales «de su lado». Porque con su voto sumarían los cuatro necesarios.

Vicente Guilarte podría ser uno de ellos. Su mujer, Felisa Herrero, hasta ahora magistrado de enlace de España en París, se presenta a la plaza de jefe de Sección de Relaciones Internacionales del CGPJ.

Si saliera, en el Pleno de hoy…

Otro voto con el que también podría contar Lesmes para este «salto cuántico» sería el de su buen amigo Wenceslao Olea, con el que se entiende solo con mirarse.

¿Y quién podría ser el cuarto?

¿José Antonio Ballestero Pascual?, ¿Gerardo Martínez Tristán?, ¿Juan Martínez Moya?, ¿Nuria Díaz Abad?, ¿Carmen Llombart Pérez?, ¿Juan Manuel Fernández Martínez?, ¿José María Macías Castaño? o ¿María Ángeles Carmona Vergara?

La clave para convertirse en magistrado del Constitucional, el objetivo que persigue desde hace años, está en este pleno. Foto: CGPJ.

SERÍA TAN FÁCIL

Cualquiera de ellos le serviría. Tan fácil. Tan cerca. Ocho años y siete meses compartiendo destino une mucho a las personas. Ayer estuvieron todos juntos en el funeral de Victoria Cinco, a la que un cáncer se la llevó a los 63 años.

Tendría que apaciguar a los ocho disidentes de su lado, que todavía no han decidido si van a votar o se van a abstener. Pero hay un largo mes de agosto por delante. Son muchos días de vacaciones, de barbacoas, de noches de confidencias con unos y con otros…

Lesmes, de ser elegido para el Constitucional, solo perdería 6.215 euros.

Actualmente ingresa 142.510 euros anuales. El salario de un magistrado del TC raso es de 136.295 euros. Pero durante los nueve años de mandato podría ganar más. 143.686,90, si fuera presidente de unas secciones. 151.078,76 si llegara a vicepresidente. O 160.728,12, de ocupar la Presidencia.

Además, manteniendo estatus y coche oficial.

De no conseguirlo, le correspondería volver a la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo y a un sueldo de 109.072,40 euros; 33.437,60 euros menos de lo que está ganando en la actualidad.

Tendría, además, que ponerse al día. Ocho años y siete meses sin redactar sentencias le dejan a uno un tanto oxidado. Y sin la ayuda de un letrado exclusivo, de los que disponen en el Constitucional cada uno de los magistrados, la cuesta va a ser dura.

Lesmes, además, piensa –y no le falta razón– que la carambola que está diseñando beneficia al PSOE, que busca renovar al CGPJ a toda costa. Porque dejaría al órgano de gobierno de los jueces descabezado.

Sin su máxima autoridad. Sin su presidente.

La presión, con ese escenario, sería brutal sobre el PP para avenirse a la renovación final. Le haría un gran favor al PSOE.

Por otra parte, parece muy improbable que el CGPJ vaya poner hoy ningún impedimento para dar el visto bueno a la candidatura del sustituto de Dolores Delgado al frente de la Fiscalía General del Estado, Álvaro García Ortiz.

Sobre todo él, Carlos Lesmes Serrano, a estas alturas. Porque se juega mucho. Mäs que nunca.

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