El tratado de alianza militar más antiguo de la historia está recogido en el Antiguo Testamento

johnk

La invasión rusa de Ucrania ha puesto sobre la mesa la importancia de los tratados internacionales de defensa, concretamente del Tratado de la OTAN de 1949, integrado por los Estados Unidos, Canadá y la mayoría de los países de la Unión Europea. Con algunas excepciones hasta ahora como Suecia y Finlandia pero con la inclusión de Turquía y Noruega que, sin embargo, no forman parte de la misma.

La obligación que impone el  artículo 5 de defensa mutua, lo que en los países de la OTAN se conoce como el principio de los tres mosqueteros –»todos para uno y uno para todos»–, significaría la necesidad de intervenir en los demás países para ayudar al que fuera atacado por otro ajeno a la organización, como sería el caso si Rusia llevara su invasión hasta alcanzar a un país miembro de la misma .

Ya ataca a 25 kilómetros de la frontera de Polonia país OTAN. La necesidad de defensa mutua entre los diversos pueblos es conocida de antiguo desde que existe la escritura.

El primer tratado escrito de la historia fue uno de extradición y paz . Lo suscribieron, en el año 1259 antes de Cristo, el faraón Ramsés II de Egipto y los Hititas que vivían en lo que hoy es Turquía. Recibió el nombre de Tratado de Kadesh.

La  versión egipcia del mismo se encuentra en el templo de Karnak. La sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, tiene una copia de la versión hitita.

No es propiamente un tratado de ayuda  militar sino de obligación de repatriar a criminales y refugiados políticos.

El primer tratado de amistad que sí implicó ayuda militar lo encontramos en la Biblia, en el Antiguo Testamento: Libro Primero de los Macabeos. Ocho versículos, del 17 al 32 del Antiguo Testamento.

Cuadro de Rubens sobre Judas Macabeo, el rey judío que firmó el primer pacto de ayuda mutua de la historia con Roma, tal como lo describe el Antiguo Testamento, de la Biblia.

LOS JUDÍOS SUSCRIBIERON UN PACTO CON ROMA MUY PARECIDO AL DE LA OTAN DE NUESTROS DÍAS

Narra el Pacto suscrito a mitad del siglo II a. C. entre Judas Macabeo, por parte de los judíos, y el Senado de Roma, por el otro lado.

Los enviados judíos llevaron una carta desde Jerusalén a Roma proponiendo un tratado de amistad y ser contados entre sus aliados y amigos.

La petición fue acogida favorablemente y Roma envió  una carta a Jerusalén esculpida en bronce, para que sirviera a los judíos como documento de tratado de paz.

En ello se decía «que si estallaba una guerra contra Roma o contra cualquiera de sus aliados en todo su imperio, la nación judía combatirá ardientemente a su lado según lo permitan las circunstancias. No dará ni suministrará al enemigo ni armas, ni dinero o naves, según ha decidido Roma, y cumplirá estos compromisos sin compensación alguna».

Igualmente si la nación judía fuera atacada antes, los romanos lucharían a su lado en los mismos términos de reciprocidad, dice el Antiguo Testamento.

Así pues, este tratado de hace ya más de dos mil años, recogió el principio de los tres mosqueteros siglos antes de que Alejandro Dumas los inventara. La historia se repite.

Es más, el año 152 a. C, antes de que los acuerdos entrasen en vigor y limitasen su acción, Demetrio coronado rey en Trípoli, atacó a Judea y derrotó dando muerte  a Judas Macabeo.

Desde luego es visible la similitud con la invasión rusa de Ucrania antes de que este país forme parte de la OTAN o de la misma Unión Europea.

La naturaleza humana es la misma y las guerras desgraciadamente seguirán y, como dice Erich Hartman, son «el lugar donde jóvenes que no se conocen ni se odian se matan entre sí por culpa de viejos que sí se conocen y se odian pero que no sé matan entre sí».

Además, habría que añadir la enorme cantidad de gente ajena a los combatientes que también muere y las terribles secuelas de heridos físicos, mutilados y de graves destrozos psicológicos, emocionales, económicos, etc.,  individuales y colectivos.

Desde luego algo ha fallado y no solo Vladimir Putin. Así cabe recordar esta frase: «La paz y la justicia. La crisis de la primera supone una crisis de la segunda y viceversa. Donde la justicia comienza a vacilar, vacila también la paz. Es más, bien puede decirse que allí donde la medida de la justicia se hace confusa y se agota, la guerra aparece irremediablemente».

Estas palabras son del entonces cardenal Joseph Ratzinger, después Papa Benedicto XVI, en su su libro «Una mirada a Europa de 1993».

Son palabras para reflexionar, como lo es la lectura de ese libro, lleno de sabiduría, que es La Biblia. Del máximo interés para todos creyentes y no creyentes, aunque más lógicamente para quienes lo somos, pues la fe, que no se puede imponer a nadie, solo debe ser solidificada con la lectura de llibros sagrados, como decía San Juan Pablo II.

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