El ICAM comenzó a cobrar cuotas mensuales en 1915 porque se quedó sin sede por el incendio del Palacio de Justicia

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En sus 426 años de vida de la institución, ahora con su nuevo nombre de Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM), sus miembros no siempre pagaron cuotas regulares de forma mensual, trimestral o anual, como se hace ahora.

De hecho, esta es una “costumbre” que data de hace 104 años, fruto de la necesidad por culpa del incendio que se desató el 5 de mayo de 1915 en el Palacio de Justicia, el llamado Monasterio de las Monjas Salesas, en el que tenía su sede.

Hubo que afrontar gastos inevitables.

Hasta ese momento, cada nuevo colegiado hacía un único desembolso de entrada, nada más. A lo que se unía el llamado bastanteo, una cuota por los documentos que los abogados verificaban como válidos y legales en los procedimientos.

Las Juntas de Gobierno del ICAM del momento, presidida por Martín Rosales Martel (1915) al que sucedió meses después como decano Manuel García Prieto (1916-1921), tuvieron que tomar la decisión de la implantación de cuotas para hacer frente a los gastos inevitables consecuencia de ese desastre.

García Prieto había sido presidente interino del Gobierno tras el asesinato del presidente José Canalejas, en 1912 (decano del ICAM entre 1901 y 1906). Después volvió a serlo en cuatro ocasiones más: en 1917, entre 1917 y 1918 y entre 1922 hasta septiembre de 1923, cuando se vio depuesto por el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera.

Rosales Martel también fue ministro de Fomento durante parte del periodo de reconstrucción del edificio judicial.

Martín Rosales Martel (1915) y Manuel García Prieto (1916-1921) son los dos decanos que tuvieron que afrontar los gastos que produjo el incendio del Palacio de Justicia y, con ello, la instroducción de las cuotas que, desde entonces, han sido una constante en el funcionamiento del Colegio de la Abogacía de Madrid.

UN PALACIO CON HISTORIA

Desde 1748 hasta 1870 el Palacio de Justicia había sido convento e internado para las hijas de la aristocracia y la alta burguesía. Un convento regido por la Orden de las Monjas de San Francisco de Sales, popularmente conocidas como «las salesas».

En 1870 fue expropiado por el primer Gobierno monárquico, presidido por el general Juan Prim, tras la frustración de la Primera República.

Y fue convertido en lo que hoy describiríamos como la Ciudad de la Justicia de Madrid.

Porque era un edificio que albergaba al Tribunal Supremo, a la Audiencia Territorial –el antecedente del actual Tribunal Superior de Justicia de Madrid–, la Audiencia Provincial, los juzgados de instrucción y del resto de las jurisdicciones, los calabozos, la Fiscalía y el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.

El Madrid de 1885, año en el que comenzó a ser operativo, no era como el de ahora.

La población no llegaba al medio millón de personas. En concreto 472.191.

Muy lejos de los 3.132.310 habitantes actuales, que se duplican hasta los 6.736.407 de personas, comprendiendo toda la Comunidad.

“Desde su fundación, como cofradía religiosa con fines de carácter social, como socorrer a las viudas y a los hijos de los colegiados fallecidos, a abogados presos o a asistir a personas sin medios, el Colegio había tenido cinco sedes diferentes en sus primeros 290 años de existencia. Sin duda alguna, Eugenio Montero Ríos, que fue ministro de Gracia y Justicia en 1870, luego decano y después, en 1885, ministro de Fomento, tuvo mucho que ver con la presencia del Colegio en el principal palacio de justicia de España, el que fuera Monasterio de las Monjas Salesas”, cuenta José Mario Barabino Ballesteros, director de la Biblioteca y el Archivo Histórico en Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.

Durante 10 años, entre el incendio, en 1915 hasta que se reconstruyó totalmente, en 1925, el ICAM tuvo que encontrar acomodo en el número 10 del Paseo de Recoletos, no muy lejos del Palacio.

En consecuencia no hubo más remedio que hacer un esfuerzo colegial para pagar el alquiler y todos los gastos de mantenimiento. Gastos que el incendio multiplicó y que hubo que hacer frente a través de las cuotas regulares.

Este parte de la fachada albergaba al Colegio de Abogados en 1915. Después de 1925, también.

TRATO ESPECIAL PARA EL ICAM

En 1925 el Rey Alfonso XIII inauguró el nuevo edificio, en el que el ICAM recibió un trato especial por parte del Jefe del Estado.

Un agradecimiento que el entonces decano, Juan de la Cierva y Peñafiel, materializó encargando un cuadro del Rey, de cuerpo entero, con uniforme de gran gala, pintado por Manuel Benedito, que presidió el Salón de Actos hasta que el ICAM tuvo que dejar el edificio en 1994. Cuadro que se encuentra en la sede actual.

El ICAM ocupaba, prácticamente, el ala norte del edificio. La que está pegada a la Iglesia de Santa Bárbara, que no se vio afectada por el incendio.

La ubicación de la actual Biblioteca del Supremo fue la Biblioteca del Colegio de Abogados de Madrid. Lo mismo que el Salón de Actos. Ambos eran «territorio ICAM». De ahí que se realicen con asiduidad algunos de sus actos, haciendo ejercicio de ese «derecho de uso».

En esa zona estaban ubicados el resto de los servicios colegiales.

La entrada por la calle del General Castaños, actualmente entrada para funcionarios, era la puerta principal del Colegio.  

En total, la presencia del ICAM en ese edificio duró 109 años, con la excepción de esos diez años, entre 1915 y 1925, que duró la reconstrucción.

Hasta que en 1994 el entonces presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Pascual Sala, acordó que todo el edificio fuera Tribunal Supremo, con lo que se iniciaron las obras que desembocaron en lo que conocemos hoy.

Era evidente que Madrid había crecido demasiado y el Palacio de Justicia se había quedado pequeño: 3.041.101 habitantes; 2.290.205 más que los 750.896 de 1925. Y 2.568.910 más que los 472.191 de 1885.

El ICAM tuvo obligatoriamente que marcharse. Encontró acomodo en lo que hoy es su sede: la Casa-Palacio del Marqués de Portazgo, en el 9 de la calle de Serrano.

Sin embargo, no fue entonces, en 1994, la fecha final del abandono.

Hasta hace seis años el ICAM mantuvo el despacho del decano, ubicado en la misma planta de las Salas de Vistas. Fue entonces cuando renunció a su última “posesión”.

Una pieza histórica que el actual presidente en funciones del CGPJ y del Supremo, Carlos Lesmes, convirtió en salón comedor para sus encuentros discretos.

Pero esa es otra historia.

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