El cese de la directora del CNI ha hecho trizas el mito de Margarita Robles

por | mayo 12, 2022

El Boletín Oficial de Estado de ayer, 11 de mayo de 2022, publicó, en su apartado de ceses del Ministerio de Defensa el Decreto 351/2022 por el que el Jefe del Estado cesa a la secretaria de Estado-directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban Lopez, a propuesta de la ministra de Defensa, Margarita Robles Fernández.

Y a continuación, en el apartado de nombramientos pública el Decreto 359/2022 por el que se nombra para ese cargo, vacante por previo «cese» (un evidente eufemismo para describir la destitución pura y simple) a Esperanza Casteleiro Llamazares.

Este hecho, no por esperado, ha decepcionado –por ponerlo de modo «amable– a muchos españoles, entre los que me encuentro. Por la forma en que se ha producido.

El cese de la directora del CNI es el fin del mito de Margarita Robles como mujer de Estado y como mujer de principios. Porque se ha comportado como el resto de los políticos. Lo suyo, lo he podido constatar, es una pura fachada. Los valores políticos de los que ha venido haciendo gala hasta ahora son inexistentes.

No solo ha pretendido engañar a la ciudadanía sino que, además, lo ha hecho tergiversando el lenguaje de la forma más burda.

Vamos por partes.

El CNI ha controlado (espiado, póngamoslo de la forma más clara) de forma legal –como era su deber– a personas del separatismo catalán que estaban conspirando para cometer un delito de sedición en el año 2017.

Por esos hechos fueron condenados por el Tribunal Supremo Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Carme Forcadell, Jordi Turull, Dolors Bassa, Raül Romeva, Josep Rull, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, por penas que superaron los diez años.

También se espió a otras personas de ese entorno. Incluso posteriormente, pero susceptibles de integrarse en la trama delictiva independentista.

Pero no por ser separatistas, que es admisible y hasta legal, si no actúan contra el estado de derecho, lo que sería delicitivo. Lo que hicieron los condenados por el «procés» en 2018 por hechos que algunos amenazan con volver a cometer.

CUALQUIER ESTADO ESTÁ OBLIGADO A DETECTAR LOS POTENCIALES ATAQUES DELICTIVOS CONTRA SU CONSTITUCIÓN E INTEGRIDAD TERRITORIAL

Cualquier Estado y por supuesto el nuestro, el español, está obligado a usar todos los medios legales a su alcance para detectar los potenciales ataques delictivos, como los citados, que se puedan producir contra su Constitución e integridad territorial. Además de otros fines, como el de prevenir el terrorismo.

El separatismo catalán ha clamado contra el hecho de que el CNI les ha espiado y ha pedido cabezas al gobierno de Pedro Sánchez.

El presidente se ha doblegado y humillado ante los separatistas con vergonzosas concesiones como ciertas visitas a Cataluña y el acceso a la Comisión de Secretos Oficiales por parte de ERC y la CUP.

Algo que irrita y preocupa en la OTAN ante las ya acreditadas relaciones de sectores separatistas catalanes con Vladimir Putin.

El gran trofeo gestual de humillación ante los separatistas catalanes ha sido el cese impuesto, que no dimisión, de Paz Esteban, hasta ayer directora del CNI.

Pedro Sánchez para apaciguar al presidente del gobierno autonómico catalán, Pere Aragonés, y a sus socios de ERC en el Parlamento, con Gabriel Rufián a la cabeza, le pidió a Margarita Robles que despidiera a Paz Estéban. Y Robles la ha entregado su cabeza en bandeja de plata.

El BOE no miente. Dice cese. Paz Esteban no dimitió ni fue relevada. Es como el eufemismo que utilizan algunos responsables de recursos humanos en empresas que, en vez de decir, tenemos que despedirle tratan de suavizarlo diciendo «tenemos que dejarle marchar».

¿A quién quiere engañar Margarita Robles? A la ciudadanía, no. Es más, con esa argumentación se está haciendo trampas al solitario ella sola.

Robles ha traicionado por ambición sus convicciones de defensa del Estado y ha perdido el gran crédito que tenía. Le ha interesado, por encima de todo, mantener su cargo.

¿Qué tendrá el poder que todo el que lo ocupa no lo quiere dejar?

LA MORAL EN LAS FUERZAS ARMADAS ESTÁ POR LOS SUELOS

Huelga decir que entre las filas de los componentes de los tres Ejércitos, y del CNI, no hay más que decepción. La moral está por los suelos.

Están hundidos en una profunda decepción.

Robles había tenido el coraje en los años 80 del siglo pasado, como magistrada entonces del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, de votar a favor del procesamiento de Jordi Pujol por el caso de la Banca Catalana. Un personaje que después ha sido imputado, junto con su familia, por las comisiones ilícitas del 3 % que llevó a prisión a alguno de sus familiares.

Siempre, hasta ahora, Robles se resistió a doblegarse ante el burgués separatismo catalán.

Hasta ahora.

Por muy competente que sea la nueva directora del CNI, que indudablemente lo es, el mal práctico y político está hecho.

La única salida de Robles, cuyo prestigio politico se hubiera disparado, era no ceder al cese de la directora del CNI, Paz Esteban, porque no había hecho más que cumplir con su deber, que era espiar –con autorización judicial– a aquellos que están buscando romper ilegalmente España.

Debería haberse mantenido firme, aún a riesgo de que Sánchez la destituyera. O forzar al presidente para que hubiera sido él quien hubiera destituido directamente.

La ministra de Defensa ha doblegado sus convicciones políticas por seguir en el cargo.

Así de simple.

Pocos políticos dimiten por mantener sus convicciones. Recuerdo, por ejemplo, a Antonio Asunción del PSOE, ministro del interior con Felipe Gonzalez, que dimitió en 1994 por congruencia al asumir sus errores en la fuga del exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán.

Como hizo también su predecesor, José Luis Corcuera, cuando el Tribunal Constitucional declaró fuera de la Constitución la famosa patada en la puerta.

O a Alberto Ruiz Gallardón ministro de Justicia con Mariano Rajoy, que se marchó por defender la derogación, ó restricción profunda del aborto libre de plazos, a lo que se opuso Rajoy que con mayoría absoluta mantuvo en lo esencial la ley del aborto de 2010 de José Rodríguez Zapatero, traicionando a buena parte a su electorado.

Yo, pensaba, sinceramente, que Margarita Robles estaba hecha de esta misma pasta. Pero no. Me equivoqué.

Margarita Robles es como los demás políticos. Le importa más el sillón, la poltrona, seguir en el poder. Yo hace tiempo que descubrí que el poder es como el anillo con el que está obsesionado Gollum, el personaje de «El señor de los Anillos», que siempre repite eso de «mi anillo, mi tesoro».

El mito de la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha quedado hecho trizas con el cese de Paz Esteban. Ha caído, por fin la máscara, y todos podemos ver lo que, de verdad, es. Una política más.

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