Consejos para tener éxito en la abogacía: Actuación en sala, con clientes y testigos (y III)

por | abril 24, 2022

En esta tercera entrega final sobre el  «El nuevo manual del abogado: 101 cosas que no te enseñan en la Facultad de Derecho» («The New Lawyer’s Handbook: 101 Things They Don’t Teach You In Law School»), del que es autora la juez estadounidense de Iowa, Karen Thalacker, y que escribió cuando ejercía la abogacía, da valiosos consejos para comportarse en sala, sobre como tratar al abogado de la parte contraria, cómo tranquilizar a los testigos propios, cómo debe vestir el cliente o las formas de preguntar durante el interrogatorio.

NO TE ENOJES CUANDO ESTÉS EN SALA

Para los nuevos abogados comparecer por vez primera ante un tribunal es algo que da miedo, hay que reconocerlo. Es algo comprensible, si bien a medida que se adquiere experiencia esa sensación de terror desaparece. «Es entonces cuando tu conducta puede meterte en problemas. Algunos abogados incluso se ponen histéricos», dice la autora.

Y se produce por tres razones principales. La primera de ellas es que «intentan desviar la atención sobre sus propios fallos u omisiones. Si reciben un resulado adverso que sorprende a su cliente o para el que no estraba preparado, el abogado actuará como si el fallo fuera un error» o como si «el resultado hubiera sido un acontecimiento tan inesperado que la única reacción posible es la conmoción y el disgusto».

La segunda razón es porque los abogados también «se frustan y se cansan. Son días largos en sala y a veces llegan a un punto en que se olvidan de por qué están luchando». Con suerte, si un juez se da cuenta de que los ánimos están caldeados puede acordar un pequeño receso.

La tercera razón puede ser porque el juez «ha tomado una decisión equivocada o ha cometido un error. Pero, ¿adivina qué? Los jueces son humanos y eso no le da permiso al abogado a faltar el respeto al tribunal».

TRATA AL ABOGADO DE LA PARTE CONTRARIA CON RESPETO

«Tienes una opinión definida sobre las partes contrarias en el caso. Conoces todos sus sucios secretos. Sabes lo mezquinos que han sido. Sabes lo deshonestos que han sido. ¿Por qué deberías ser amable con ellos? Porque es es importante para nuestro sistema de justicia, por eso», afirma.

Pero no siempre es así. Karen Thalacker cuenta, para ilustrar este punto, la historia de un cliente que llevaba varios años divorciado. «Yo no lo representé en el divorcio original, pero vino a mí para tratar una posible modificación. Se quejó de que el abogado de su exmujer le odiaba. Le aseguré que no le odiaba y que sólo representaba con celo a su cliente».

Sin embargo, cuando finalmente llegaron ante el tribunal, «entendí por qué mi cliente se sentía así. Me sorprendió que el otro abogado se enfureciera cuando mi cliente entró en la sala. Le interrogó de manera hostil sobre asuntos que no eran relevantes para el procedimiento. Había un elemento personal en su representación que me desconcertó y me preocupó. Para mi cliente, su sensación de que el otro abogado iba a por él convirtió la sala del tribunal en un lugar para las venganzas personales
en lugar de para la equidad».

En eso no puede caer un buen abogado. «Puede que quiera advertir a su cliente que el mero hecho de que usted trate a la otra parte con respeto y cortesía no significa que se haya pasado al ‘Lado Oscuro’. Es exactamente lo contrario. Al ser positivo y justo, estás luchando más eficazmente por tu cliente».

ENTÉRATE DE QUIÉN ES EL JUEZ

Los nuevos abogados o los abogados que acaban de aterrizar ante un juez que no conocen, están en clara desventaja. «Los abogados con experiencia saben qué jueces son más o menos comprensivos con diferentes tipos de clientes», cuenta Thalacker. «Saben qué jueces son muy formales y quiénes son más relajados».

Cuando comenzó a ejercer la abogacía cuenta que representó a un acusado en un caso penal por conducir bajo los efectos del alcohol. «Cuando comparecimos ante el
juez, mi cliente no fue tan directo como lo que me gustaría que hubiera sido cuando le preguntó cuánto había bebido la noche en cuestión. El juez le impuso una sentencia más dura de lo que incluso el fiscal estaba solicitó».

«Para este juez, no fue suficiente que se declarara culpable. El juez quería saber que mi cliente estaba realmente asumiendo la responsabilidad y las consecuencias de lo que había hecho. Varias semanas más tarde, un colega abogado me preguntó sobre un cliente que iba a comparecer ante el mismo juez para declararse culpable por una acusación de abuso sexual. Le dije: ‘Tu cliente debe admitir su culpabilidad sin reservas y ser capaz de explicar lo que hizo sin vacilar. Si no lo hace, el juez no seguirá el acuerdo de culpabilidad’».

«¿Y qué pasó? O el abogado no siguió mi consejo o su cliente no siguió su consejo. El cliente se puso a dudar…, sobre lo que hizo o no hizo, y el juez lo envió a a la cárcel en el acto», relata.

La lección que se desprende es que una gran parte del resultado esta fuera del control del abogado. «Averigua lo que puedas sobre el juez y su forma de actuar en sala es una forma más de representar a tu cliente de la manera más eficiente y efecaz posible», destaca.

La autora del libro da consejos que son plenamente adaptables al caso español.

QUÉ ACONSEJAR A TU TESTIGO PARA QUE DECLARE ANTE EL TRIBUNAL

Los abogados, reconoce Thalacker, se sienten cómodos cuando están en sala y se olvidan de lo incómodos que están los demás.

«Parsa la mayoría de sus clientes y de sus testigos, la idea de testificar en un procedimiento judicial les resulta aterrador. Pierden el sueño. El miedo que sienten puede incluso afectar a su capacidad para concentrarse y recordar con precisión los eventos en cuestión. No serás capaz de aliviar todos sus temores pero preparándoles para lo que pueden esperar puedes hacerles sentirse más tranquilos», explica.

Por ello, «comienza diciendo a tu cliente y a cada testigo que lo más importante para ellos es decir la verdad. Puede parecerte obvio, pero el concepto es sorprendentemente difícil para algunos. Yo les digo a mis clientes y a los testigos que no es su trabajo averiguar el impacto que tendrá su testimonio sobre el resultado del caso».

Sólo tienen que contar los hechos tal y como los conocen. «Es especialmente divertido cuando el abogado de la parte contraria le pregunta a mi testigo ‘¿habló el abogfado con usted antes de esta vista?’. Y mi testigo responde ‘sí, y me dijo que dijera la verdad’».

En segundo lugar, «diles que respondan sólo a las preguntas que les hagan. Una pregunta requiere una respuesta de sí o no, responde ‘sí’ o ‘no’ o ‘no puedo responder sí o no porque…’. No deben ofrecer información adicional ni ponerse en modo charla».

En tercer lugar, «diles que no se pongan a hacer suposiciones. Si no saben algo o no lo recuerdan, eso es lo que tienen que decir. Si no están seguros de lo que quiere decir el abogado, no deben tratar de adivinar su pregunta. En ese caso, deben pedir que se lo aclare».

En cuarto lugar, «diles que tienen que hablar lo suficientemente alto como para que todo el mundo les oiga. No pueden asentir ni mover la cabeza cabeza como respuesta, sino que deben responder verbalmente con un sí o un no».

Y finalmente, «diles que no permitan que nadie ponga palabras en sus labios. Tienen que escuchar atentamente las preguntas y si algo no se dice correctamente, tienen que hablar. Este es su testimonio, y tiene que reflejar con exactitud lo que saben».

TU CLIENTE Y TÚ DEBÉIS VESTIR DE FORMA APROPIADA

Thalacker viene a decir que si vas a la guerra tienes que ir de camuflaje. Es decir, de forma apropiada a la situación en que te encuentras. Y lo explica con una historia.

«Un acusado de conducir bajo los efectos del alcohol se presentó en el juzgado para declararse culpable con una camiseta que decía: ‘Yo no tengo un problema con la bebida. Bebo. Me emborracho. Me caigo. No hay problema’. Es una historia real. El juez envió al hombre hombre a su casa y le hizo cambiarse de camisa. ¿Esperaba el juez que se presentara en el tribunal con un traje formal? No. Pero esperaba que acudiera vestido con algo que mostrara el nivel adecuado de respeto por el tribunal y por el procedimiento», revela.

Como abogada no puede dar por sentado que los clientes tengan la idea de lo que se espera de ellos cuando acuden a una vista, por lo que hay que explicarles cómo tienen que vestirse para esa ocasión.

«Yo les digo a mis clientes que se pongan lo que llevarían si fueran a la iglesia o a conocer a los padres de su pareja por primera vez. Vayan bien vestidos, pero cómodos. Con pocas joyas. Sin camisetas. No llevar pantalones vaqueros. No masticar chicle. El tribunal no necesita ver escotes ni tatuajes. Sé que parece una locura, pero puede que incluso tengas que decirle a tu cliente que se bañe antes del juicio. Es mejor que el consejo venga de ti que del juez», aclara.

Pero, ojo, advierte: «Aunque quieras que tus clientes estén presentables, no trates de convertirles en lo que no son. Si tu cliente jamás se ha puesto un traje y le fuerzas a llevar uno, el juez, o el jurado, pueden confundir ese malestar con deshonestidad. Lo mejor es dejarle ser él mismo. Con que esté lo suficientemente vestido, es válido. Necesita sentirse lo suficientemenete confortable como para centrarse en el caso».

EL INTERROGATORIO A LA PARTE CONTRARIA: NO ERES PERRY MASON

«Todo abogado sueña con el momento Perry Mason«, dice Thalacker. Perry Mason era el nombre del protagonista de una famosa serie de televisión que se emitió en los años 50 y 60. Era un abogado penalista de Los Ángeles. La mayoría de sus clientes hacían frente a delitos de homiciidio.

La estructura de cada episodio era siempre la misma. En la primera parte el espectador conocía a la víctima que iba a morir, luego se acusaba a alguien que Mason pasaba a defender. Con ayuda del investigador privado Paul Drake hacía prevalecer la verdad y salvaba a su cliente al tiempo que descubría al culpable. La mayor parte de las veces en juicio.

El «momento Perry Mason» es «cuando la parte contraria se derrumba bajo tu increíble interrogatorio. El juez declara inmediatamente que tu cliente es el vencedor, y disuelve el jurado. Todos los abogados sueñan con ello porque rara vez, o nunca, sucede. ¿Por qué no ocurre? Porque el contrainterrogatorio –como se llama en Estados Unidos al interrogatorio a la parte contraria– es una de las cosas más difíciles que hace un abogado».

«¿Por qué es tan difícil? Porque estás tratando de obtener información de alguien que no quiere dártela». Por lo tanto, «en esta situación y con este testigo, tu medida del éxito no es la victoria total. Tu medida de éxito es en realidad algo mucho menos. Tu objetivo es marcar unos pocos puntos importantes y terminar. He aquí cómo:

«1. Al preparar las preguntas de antemano, pregúntate: ‘¿Qué necesito conseguir de este testigo?’. ¿Cómo me ayuda esta pregunta a probar mi caso?’. La forma de hacer las preguntas es una táctica; el porqué de las mismas es una estrategia.

«2. Escucha atentamente el interrogatorio de la otra parte. ¿El testimonio salió como tú pensabas que lo diría? Si no es así, ¿cuáles son los puntos que quieres señalar?

«3. Empieza por ser positivo. Haz que el testigo afirme todo lo que sabe que no está puesto en tela de juicio. Da pequeños pasos hacia tus puntos principales. No vayas directamente a hacer la pregunta definitiva. Conduce al testigo en esa dirección poco a poco. Entonces, al final, parecerá tonto por no estar de acuerdo contigo.

«4. No deberías hacer preguntas sobre las que no conozcas ya las respuestas», dice. Nunca «empieces una pregunta con la palabras ‘por qué’. Piensa de esta manera, algunas veces el objetivo de un interrogatorio a la parte contrariano es obtener respuestas a las preguntas que se hacen, algunas veces el objetivo es exponer tu caso al juez o al jurado bajo la apareincia de una pregunta. Se trata más de tu pregunta que de la respuesta del testigo.

«5. Se persistente. Si el testigo trata de evitar responder a tu pregunta, sigue preguntando». Y añade: «No permitas que el testigo tome el control por su negativa a contestar».

«6. Mantén tus emociones bajo control. La regla general es mostrar poca o ninguna emoción. A los jurados y a los jueces no les gusta un abogado detestable, con una rara excepción. La excepción se da cuando el testigo te da un ‘ticket’ para hacerlo. ¿Cuándo ocurre eso? Cuando el testigo es inusualmente mocoso, arrogante, engañoso o molesto. Si sientes que el jurado quiere que seas más asertivo, un golpe de sarcasmo bien colocado o un poco de disgusto por tu parte te hará ganar algunos puntos y te hará parecer un buen tipo. Pero es un movimiento arriesgado, porque si te equivocas quedas como un imbécil».

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