Con un juicio a las 10 de la mañana fue citado a otro a la 1 de la tarde a 83 km de distancia sin tener el don de la ubicuidad

por | julio 18, 2022

«Lo que me ha pasado es una falta de respeto a la dignidad de la abogacía«. Así de rotundo se pronuncia el abogado Álvaro García-Olay Samaniego, quien se siente una víctima de la desconsideración de la judicatura.

Su caso tuvo lugar la mañana del pasado 12 de julio. Una auténtica pesadilla para quien no posea el don de la ubicuidad, o de la bilocación. Ese fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, según el cual una persona puede estar en dos o más lugares diferentes al mismo tiempo.

El padre Pío de Pietrelcina (1887-1968), San Juan Bosco (1885 – 1888), San Martín de Porres (1579- 1639), San Francisco Xavier (1506 – 1552), y San Antonio de Padua (1195 – 1231) poseyeron ese don tan preciado.

Cualquiera de los cinco podría haber hecho frente con toda facilidad a esa «tormenta perfecta» en la que se vio inmerso este abogado.

Porque a las 10 de la mañana tenía un juicio de familia en el Juzgado de Primera Instancia 7 de Guadalajara.

Y a la 1 de la tarde le habían fijado un señalamiento, para un importante interrogatorio, en Móstoles, localidad del sur de la Comunidad de Madrid.

A 83 kilómetros de distancia de Guadalajara; 58 minutos por carretera.

Avanzada la mañana del día anterior, el 11 de julio, apenas 24 horas antes, el magistrado del Juzgado de Instrucción 4 de Móstoles, le comunicó, a través de la oportuna providencia, que mantenía la declaración del investigado del caso, en el que el abogado era acusación particular, para la 1 de la tarde,.

«El señalamiento había sido fijado previamente para otro día, que a mí me había venido muy bien. Pero al magistrado le venía mal y lo cambió para el 12 de julio», cuenta el abogado.

Así se lo comunicaron desde Móstoles el 25 de junio.

García-Olay contestó el 29 de junio, informando que tenía el juicio de familia a las 10 de la mañana en Guadalajara. Solicitó que le cambiaran la fecha, doce días antes.

FALTA DE RESPETO SISTEMÁTICA

El Juzgado de Instrucción 4 de Móstoles no visos de vida hasta el día anterior. Mantuvo el señalamiento.

«No podía faltar al interrogatorio del Juzgado de Móstoles. Era un caso muy importante. Un administrador único que había falsificado una firma del contrato de arrendamiento. Había que sabérselo muy bien. Y yo me lo sabía. No podía delegar en nadie», explica el abogado.

García-Olay sintió que era inútil recurrir la decisión. A apenas horas de que se produjera el interrogatorio.

Tenía que llegar a los dos sitios. Al primero no habría problema. Aunque vive y tiene su despacho en Madrid, las comunicaciones no son malas.

Hay AVE de Madrid a Guadalajara.

«Pero no hay AVE de Guadalajara a Móstoles. Y yo no tengo carnet de conducir, ni tengo coche. Tuve que pedirle el favor a Fernando Serrano, un compañero del despacho, que me llevara hasta Guadalajara, que esperara dos o tres horas, hasta que terminase mi juicio, y que después me llevara en coche a Móstoles, perdiendo él todo su día de trabajo, cuenta García-Olay.

El juicio de familia comenzó a su hora. A las 10 de la mañana. No hubo contratiempos inesperados, que suelen ser la salsa de este tipo de vistas.

«No dispuse de tiempo para hablar con mis clientes. Salimos disparados de Guadalajara poco después de las 12 de la mañana. Y llegamos a Móstoles rozando la 1 de la tarde. Tres minutos antes de comenzar. Con la lengua fuera. De chiripa», relata el abogado.

«Hice lo que tenía que hacer para cumplir con mis obligaciones como abogado. Pero me quejo de la falta de empatía y de consideración que, por parte de algunos jueces, se tiene hacia nuestro trabajo. El magistrado puede cambiar, unilateralmente, la fecha de la declaración porque a él le viene mal pero cuando el letrado, por razones profesionales, no puede asistir de manera justificada, porque no tiene el don de la ubicuidad, que le den».

Y concluye García-Olay: «Es una falta de respeto y de consideración hacia la profesión. Una falta de respeto que es sistemática. Tenemos que denunciarlo. No podemos permitir que estas dinámicas inquisitoriales de algunos juzgados continúen. Se tienen que acabar».

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