CGPJ: tres años y nueve meses «mareándose la perdiz», tres años y nueve meses debilitándose el estado de derecho

johnk

Carlos Lesmes Serrano ya ha pasado a la historia como el presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo que más tiempo ha ocupado ese cargo de forma continuada: ocho años y nueve meses. Es altamente probable que fulmine este «Record Guiness».

Son tres años y nueve meses fuera de su mandato. Caducado.

Hoy, precisamente, pronunciará un discurso ante el Jefe del Estado, en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo, por cuarta vez consecutiva, que jamás tendría que haber pronunciado y que, con toda seguridad, contendrá una nueva queja y una crítica al «Legislador» por haber propiciado esta circunstancia.

Y tiene toda la razón. El PSOE y el PP llevan «mareando la perdiz» tres años y nueve meses. Los dos se necesitan para renovar el CGPJ. Solo la suma de sus votos en la Cámara Baja y en la Cámara Alta cuadran los 3/5 necesarios para hacerlo.

No lo han hecho, por hache o por be, es evidente.

Con ello, hemos entrado en una versión española de la película «Atrapado en el tiempo», la película de Harold Ramis que en 1993 interpretaron Bill Murray y Andie MacDowell, con gran éxito, y que todo el mundo recuerda con otro título, «El día de la marmota».

Nos hemos instalado en un bucle sin fin en el que un día es igual al anterior, en el que las «novedades» periodísticas son informaciones sobre las carambolas que Lesmes está buscando para conseguir su objetivo, que no es otro que llegar al Tribunal Constitucional.

Precisamente, el pasado lunes el presidente Lesmes sorprendió a todos, tras la toma de posesión en el Supremo del nuevo fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, descartándose, ante los medios allí congregados, como candidato al Tribunal Constitucional.

«Mienten interesadamente», declaró, en referencia a los que dice que afirman esto.

LO CONTÓ CONFILEGAL EN JULIO

Hace poco más de un mes y medio, desde Confilegal ya adelantamos la jugada que ahora ha desmentido Lesmes: La de propiciar el éxito del nombramiento de los dos magistrados del Tribunal Constitucional que le corresponden al CGPJ.

Lo que al Gobierno le permitirá cambiar la mayoría conservadora -hasta ahora de 6 a 5– a otra progresista –de 7 a 4– en el máximo tribunal de garantías; los reveses a sus decretos-leyes, como los dos del estado de alarma, serán cosa del pasado.

Serían tres nuevos magistrados progresistas –los dos catedráticos del Gobierno y el del Tribunal Supremo elegido por el CGPJ– y un magistrado conservador, también elegido por el órgano de gobierno de los jueces.

En esa jugada que relatábamos en julio, decíamos que Lesmes posiblemente pdoría ocupar el puesto que había dejado libre, con su renuncia por sufrir un ictus, el decimosegundo magistrado del Constitucional, Alfredo Montoya, conservador.

La idea era la de que él propiciaba esa elección de los dos magistrados para el Tribunal Constitucional en el CGPJ y, a cambio, ocuparía el puesto de Montoya, que ahora estaba en el último tercio de su mandato, lo que hubiera posibilitado que pudiera ser nombrado para un nuevo mandato en el TC.

El día clave es mañana, 8 de septiembre, cuando ha fijado el pleno para dicha elección. Con lo que no contaba Lesmes es con la negativa de que magistrados del máximo prestigio del Tribunal Supremo le dijeran que no: Manuel Marchena, Antonio del Moral, Pablo Llarena… Lo que hace más difícil, si cabe, dicha elección, por el lado conservador.

Lesmes podría contar con los 12 votos necesarios –de 19– para dicha elección: Los ocho del lado progresista, a los que hay que sumar el suyo propio y los de «sus fieles» Wenceslao Olea y Vicente Guilarte. Y un cuarto, que podría salir del grupo de ocho «disidentes» conservadores, su propio grupo desde hace ocho años y medio, que se han mostrado en contra de la maniobra propiciada por el Gobierno, a través de una proposición de Ley y sin dar arte ni parte al CGPJ, para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial que ha hecho todo esto posible.

El proceso de elección de los dos magistrados del Tribunal Supremo que le corresponden al CGPJ está teñido de incertidumbre a estas alturas.

Podría, incluso, frustarse.

Las palabras del propio Lesmes así lo indican: «Yo me opongo a que esta institución se declare en rebeldía», dijo. «Lo he sostenido durante toda mi vida y lo sostengo ahora. Es nuestro deber: el cumplimiento de la ley y de la Constitución. Y, por lo tanto, nuestra obligación será procurar ponernos de acuerdo», añadió.

Por eso es comprensible que Lesmes saltara el lunes como saltó.

Si no se produce esa elección el 8 de septiembre quedaría un segundo cartucho en la recámara: el lunes 12 de septiembre.

A las 12 de la noche de ese lunes, igual que le pasó a Cenicienta, la carroza que permite esta elección, se transformará en calabaza y todo volverá a ser como antes; un CGPJ «capado» en su capacidad de nombrar a altos cargos de la judicatura mientras se encuentre en funciones.

EL ESTADO DE DERECHO EN PELIGRO

El presidente Carlos Lesmes ha salido tocado en su «auctoritas», ante los suyos, los vocales actuales del CGPJ, con esta carambola intentada. Pero sobre todo ante la carrera judicial, que entiende que no ha propiciado la renovación «desde dentro» por intereses personales.

Muchos jueces y magistrados recuerdan que su antecesor, Pascual Sala, precisamente lo hizo. Cuando llevaba unos meses con el mandato prolongado en 1996. Sala permitió que seis vocales presentaran la renuncia. Aquello, sumado a las ausencias del momento, dejó al CGPJ con 11 vocales, tres menos de los necesarios para celebrar la disolución, «de facto» del Consejo.

Huelga decir que la desconfianza –constatada– entre la carrera judicial hacia «su cúpula judicial» es muy profunda. Lo mismo que hacia la clase política, que está permitiendo este estado de cosas.

La sensación es la de un «ninguneo» patente y latente de los partidos políticos –PSOE y PP– hacia el tercer poder del Estado.

Una sensación que es una repetición de la de 2021, 2020 y 2019. Pero aumentada. Como si fuera un «día de la marmota», que es lo que es. Pero de verdad.

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