Cartas desde Londres: Anécdotas y curiosidades de los tribunales ingleses (II)

por | junio 21, 2022

Si algún día se encuentran paseando por Londres les recomienendo que se acerquen a ‘Temple’, la zona donde se ubican tradicionalmente los ‘barristers’ en Londres desde hace más de 700 años y que toma su nombre de la iglesia que levantaron los Caballeros Templarios, quienes se establecieron allí originalmente en 1118 siendo posteriormente reemplazados  por los Caballeros Hospitalarios.

La cuestión es que la vinculación del ‘Temple’ con la profesión legal vino con la Reforma inglesa de Enrique VIII, cuando el rey expulsó a todo lo que oliera a católico, de tal manera que los ‘barristers’ ocuparon la zona como arrendatarios de la Corona a cambio de una renta anual, hasta que en 1608 se les concedieron las ‘Letters Patent’ del Rey Jacobo I (‘James I’). 

Mediante estos documentos regios, el rey les cedió a las dos sociedades de ‘barristers’ de la zona (“Inner Temple y “Middle Temple”)  el terreno donde se ubican actualmente todas sus ‘chambers’ bajo la condición de que, además de las labores de educación jurídica, mantuvieran y conservaran la Iglesia a su propio costo para la celebración de los servicios religiosos.

Y, como siempre, junto a la historia oficial también tenemos las anécdotas y las leyendas.

ABOGADOS DEL MISMO DEMONIO

Sea porque ocuparon el lugar de los religiosos católicos expulsados que había en la zona o, simplemente por la propia práctica de la abogacía ante los tribunales, a los ‘barristers’ se les ha asociado popularmente en Inglaterra con el diablo y a sus artes del engaño, como en muchos otros países.

La cuestión es que, situándonos a principios del siglo XIX, nos encontramos con los planes imperiales de Napoleón Bonaparte de invadir Inglaterra, lo que tuvo una gran influencia por ejemplo, en la estrategia británica y en la fortificación de la costa del sureste de Inglaterra.

Y, entre ellos, a los abogados del ‘Temple’, quienes formaron todo un regimiento para luchar contra el invasor francés, el célebre “Bloomsbury and Inns of Court Volunteers”, reclutado y dirigido casi exclusivamente por la profesión jurídica de la ciudad, entre barristers, empleados y estudiantes que ejercían en el área de los ‘Inns of Court’.

Sobre estas líneas la Iglesia del Templo, («Temple Church»), en pleno centro de Londres, que tomó su nombre de los caballeros templarios.

Interior de la Iglesia del Templo, donde se rodó parte de la famosa película «El Código Da Vinci».

Total que, según cuenta F.C. Norton, sabido que el Rey Jorge III (‘George III’) tenía proverbial aversión a los abogados, acudió al famoso Hyde Park de Londres para pasar revista a esta unidad tan particular en la defensa de Gran Bretaña

Cuando el regimiento se presentó ante él, Su Majestad preguntó al Teniente Coronel, Lord David Erskine, quien los comandaba, cuál era la composición de ese cuerpo de voluntarios.

Son todos abogados, Sire –dijo Erskine.

¿Qué? ¿Qué? –exclamó el Rey–. ¿Todos abogados? ¿Y qué nombre tiene este regimiento?

– Ninguno todavía, Sire –contestó Erskine.

Pues entonces, llámenlo ‘Regimiento del Mismo Demonio‘ (“Call it the Devil’s Own”).

Y efectivamente, este cuerpo militar integrado por ‘barristers’ fue apodado ‘The Devil’s Own’, es decir,“Los del Mismo Demonio”.

De hecho, hasta el día de hoy, la imagen de un diablo aparece en las insignias y distintivos del regimiento, un distintivo que se cree que es único en el ejército británico.

En efecto, a pesar de que este cuerpo militar se disolvió con la vuelta de la paz, se volvió a formar en 1859 con el ‘23 Middlesex (Inns of Court) Rifle Volunteer Corps’ por el temor a una invasión francesa por parte de Napoleón III, sobrino del emperador francés.

En tiempos más modernos, también hubo ‘Regimiento del Mismo Demonio’ en las dos guerras mundiales, llegando a obtener cuatro de sus miembros la Medalla Victoria (`Victoria Cross’), la condecoración más alta y prestigiosa del Ejército británico.

El Rey Jorge III odiaba a los abogados. Bautizó un Regimiento formado por abogados como «Regimiento del mismo demonio».

EL DIABLO ESTÁ EN LOS DETALLES

Hay un conocido refrán inglés que dice que el diablo está en los detalles, como veremos con esta última anécdota de hoy.

Como ya sabemos de anteriores cartas, aunque actualmente los ‘barristers’ pueden recibir instrucciones directamente del cliente, tradicionalmente son los ‘solicitors’ quienes les instruyen mediante unos escritos llamados ‘briefs’, siendo este el procedimiento habitual.

Técnicamente, los ‘briefs’ son las instrucciones que un ‘solicitor’ presenta a un ‘barrister’ y que se doblan de una manera particular y se atan también con un determinado tipo de nudo, con una cinta de color rosa, que se sigue utilizando hoy en día, aunque su origen se pierde siglos atrás.

La cuestión es que, aunque no existe una manera específica de instruir a un ‘barrister’, la gracia del ‘solicitor’ dependerá  del contenido de su informe sobre el caso para que el abogado de los tribunales pueda ejercer correctamente su trabajo procesal.

Por eso, el ‘brief’ debe proporcionar un buen resumen de los hechos de los que surge el problema, una exposición concisa del mismo y una declaración de lo que se le pide al ‘barrister’ e incluso comentarios sobre las normas y que pueden resultar útiles para su resolución.

Cuenta F. W. Ashley, quien fue «clerk» de Hardinge Giffard QC, primer conde de Halsbury, que a este ‘barrister’ no gustaba nada tener que leer los pesados ‘briefs’ de los ‘solicitors’ que le encargaban un caso.

De ahí que raramente aceptaba una reunión con el cliente a no ser que antes algún ‘junior’ le contara de qué iba el caso y así ir ya debidamente instruido.

Hasta que, una mañana, su «clerk» recuerda que, antes de que Giffard QC llegara a la ‘chambers’, su despacho se encontraba lleno de gente esperándole por un caso muy urgente.

A pesar de ello, señala, “ni había deshecho la cinta atada alrededor del ‘brief’ ni se había preocupado para que alguien le explicara nada sobre el asunto.”

Al aparecer en «chambers» y, para sorpresa del personal presente, Giffard QC no fue directamente a su despacho, donde le esperaba el gentío, sino que se sentó en la mesa de su «clerk» y pidió que le trajeran de inmediato el «brief» sobre el caso, que leyó por encima con evidente desagrado.

Cuando acabó de leer los documentos sobre el caso, el «barrister» pidió que volvieran a llevar el «brief» a su despacho, donde acudió unos minutos después.

Al entrar en la sala, donde los clientes le estaban esperando, se encontró con su «junior», quien le dijo:

– ¡Ah!, Giffard, precisamente estábamos hablando sobre este caso de veinte mil libras.

A lo que contestó Giffard QC:

– Querrá usted decir, diecinueve mil ochocientas setenta y cuatro libras, dos chelines y siete pequines

Y añadió a su joven compañero:

– Por favor, le ruego que sea usted preciso.

Como es lógico, los clientes testigos de esta conversación estuvieron absolutamente maravillados de este alarde de conocimiento de Giffard QC sobre los detalles del caso, incluso al detalle. 

Ahí mismo, donde está el diablo.

Hasta la semana que viene.

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