Antonio V. Albanés: «He querido mostrar el dilema de un abogado cuando tiene que defender una tesis en la que no cree»

por | julio 15, 2022

Lleva más de 47 años ejerciendo la abogacía en Madrid. Antonio V. Albanés Membrillo (Córdoba, 1950), acaba de publicar «Paisaje de sombras», su primera novela. Y no lo parece. Al contrario, como lector uno tiene la impresión de estar ante un autor con recorrido, que conoce y utiliza con precisión los recursos del oficio.

Es de esas obras que a uno, con muchas horas de vuelo en esto de la lectura, engancha. Está muy trabajada, conoce muy bien la materia de la que trata y, sobre todo, atrapa. Y eso es muy relevante, en un tiempo como este en el que

Hasta ahora Albanés había escrito relatos cortos en colecciones colectivas, como «Cartílagos de tiburón», en 2005, «Gotas de mercurio», en 2006, «Mentira cochina», en 2007 y «Esa cosquilla molesta», en 2009.

«Paisaje de sombras» no está escrita en la línea de las novelas de abogados del estadounidense John Grisham. Pero el autor español, si se lo propone, tiene un filón evidente para explotar.

Como Grisham posee la experiencia del ejercicio de la abogacía –si no más– y posee el «expertise» (como ahora los modernos definen a la pericia) del escritor experimentado, como demuestra en su obra. Lo que le queda es lanzarse. A la vista del resultado de esta primera novela solo le puede esperar una cosa: el éxito.

Sobre esto, precisamente hablamos en esta entrevista.

¿Cuántas novelas ha escrito usted antes de esta?

Ninguna, esta es la primera. He escrito varios relatos cortos que se han publicado en obras colectivas, pero novela ninguna.

Al terminar de leer su novela he tenido la sensación que es del tipo “chotis”, discúlpeme la comparación. Pero es que se desarrolla literalmente sobre sobre una baldosa…

Bueno, es una novela intimista, los personajes están muy cerca unos de otros.

Y consigue que el lector no pierda el interés y la intensidad. ¿Está basada en un hecho real?

No, es pura ficción, elaborada a lo largo de varios años.

¿Cómo la ideo? ¿Qué método siguió?

He querido mostrar el dilema que surge en el abogado cuando tiene que defender una tesis en la que no cree. Conciencia frente a obligación.

En esos casos, el derecho de defensa está garantizado, le obliga a ello su ética profesional, pero, ¿qué ocurre con el ser humano?

Los abogados no son robots (y espero que no lo sean nunca), sienten y padecen, como el personaje de Shylock en el “Mercader de Venecia”.

¿Y como resuelve el dilema?

A través de que yo llamo el poder liberador de la literatura. La escritura creativa te da ese poder.

Juega usted con algo tan sagrado como los amores de juventud. Tres amigos que hacen la carrera juntos y que el más guapo y el más listo se casa con la chica. Y el otro sigue soñando con ella, después de pasados los años. ¿Hay algo autobiográfico?

Lo único autobiográfico son los lugares y algunos personajes: La Universidad en los años setenta, el concierto de Raimon, los calabozos de la antigua Dirección de Seguridad (hoy sede de la Comunidad de Madrid), las cárceles, los tribunales, etc.

En cuanto a los personajes, algunos son producto de la creatividad y otros, aun siéndolos también, los he adornado con características de personas reales que he conocido a lo largo de mi vida.

«Saber cómo funcionan los tribunales, en los que llevo actuando desde hace más de cuarenta años, me ha permitido poder encajar las distintas piezas de la historia. Digamos que la trama ya estaba esbozada, pero que el ambiente judicial me ha permitido asentarla»

El planteamiento es muy simple, y muy complicado, a la vez: su amigo mata a su mujer casi a cañón tocante, con una pistola. De eso no cabe la menor duda. Y le llama para que le defienda. No juega usted con cambalaches legales ni nada que se le parezca. Si me lo permite, como se dice en el toreo, a puerta gayola. ¿El hecho de ser usted abogado le ha facilitado las cosas a la hora de urdir la trama o le ha costado más?

Indudablemente me ha beneficiado. Saber cómo funcionan los tribunales, en los que llevo actuando desde hace más de cuarenta años, me ha permitido poder encajar las distintas piezas de la historia. Digamos que la trama ya estaba esbozada, pero que el ambiente judicial me ha permitido asentarla.

¿Y le ha pesado su ‘matrimonio’ con la ley a la hora de resolver la trama?

Sí, bastante. No sabía cómo compaginar la venganza con el deber profesional. Esto me tuvo bloqueado bastante tiempo. Al final lo resolví en el epílogo, del que me encuentro bastante satisfecho.

Su libro es de los que le dejan a uno con la cabeza pensando por su cuenta. Ciertamente el diablo está en los detalles, ¿está usted de acuerdo?

Por supuesto, en los detalles. Cuando alguien me dice que ha leído la novela en dos días porque no ha podido dejar de leer, pienso si esa persona en realidad ha descubierto la cantidad de matices que tiene la historia.

¿Por qué se hizo usted abogado?

Cuestión vocacional. Me gusta defender a las personas.

¿Qué tipo de novelas lee usted?

Soy muy clásico para la novela; me gustan las novelas intimistas, pero también la novela negra. Adoro el realismo mágico. Leo a los novelistas americanos de ambos hemisferios del siglo XX: García Márquez, Faulkner, Vargas Llosa, Dos Passos, Scott Fitzgerald y tantos otros que se me quedan en el tintero.

De los europeos, si tuviera que elegir me quedo con Zweig.

Y cuando está con un juez, con un fiscal, un compañero o un cliente o un testigo hostil, ¿toma nota de cómo es el personaje?

Claro. Si veo en él o en ella características que me pueden servir para un personaje, las tomo prestadas. Hay casos claros en la novela.

Usted sabe que la temática de abogados no está explotada en España. ¿Ese es el camino que va a seguir?

Pudiera ser, aun no lo tengo decidido. El género es muy atractivo, a la gente le gusta saber cómo se aplica la ley en los tribunales, para ver si encaja en sus propios parámetros de Justicia; pero como decía un antiguo profesor mío, “el juez no tiene que buscar la Justicia, sino aplicar el Derecho”, pues se supone que aquélla se obtiene a través de éste.

Una temática que también sirve para enseñar al lector cómo funciona nuestro sistema legal y nuestro sistema de justicia. Claramente mejorable, ¿verdad?

Sí, claramente mejorable; lo es desde que empecé a ejercer. Pero no hay que confundir el sistema con la función judicial.

Es necesario acometer una profunda reforma de las estructuras judiciales, sobre todo a la vista de la evolución del mundo digital, si no corremos el riesgo de volver a quedarnos atrás; pero en general, no tengo quejas de los jueces, salvo excepciones, claro, que siempre las hay.

Creo que cumplen con bastante acierto la función que les ha sido encomendada.

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