«Anatomía de un escándalo», un «thriller» jurídico-político inglés en formato serie de TV que hay que ver, obligatoriamente

por | mayo 1, 2022

Es una de las últimas producciones de Netflix con un elenco de primera y es la adaptación del «best seller», «Anatomía de un escándalo», publicado en 2017 por Sarah Vaughan.

Narra la historia de un joven ministro del Gobierno conservador británico, James Whitehouse, interpretado por Rupert Friend (Peter Quinn en «Homeland», entre sus trabajos más conocidos), que mantiene relaciones sexuales con una joven de su equipo, Olivia Lytton (Naomi Scott), examante durante 5 meses, quien le acusa de haberla violado en el mismo Parlamento.

Como es lógico es imputado de inmediato. La esposa de Whitehouse, Sophie (Sienna Miller), respalda a su marido, convencida de su inocencia, cuya carrera política, con ese juicio, llega al punto de poder saltar en pedazos.

Para empezar se ve obligado a dimitir como ministro aunque guarda su escaño hasta el desenlace final de juicio.

Kate Woodcroft (Michele Dockery) ejerce el papel del «barrister» acusador. En Inglaterra no hay carrera fiscal y judicial como tal. La base son los abogados.

En este caso, los «barristers», que se distinguen por su pelucas («wigs») y sus togas negras, ejercen de ambas funciones. Como fiscales y como abogados defensores ante los tribunales. Es a través de la Crown Prosecuting Service (Fiscalía de la Corona), un departamento del Gobierno que se encarga de articular todos los casos penales ante los tribunales que previamente le ha presentado la Policía.

Este trabajo lo llevan a cabo abogados conocidos como «Crown prosecutors» (fiscales de la Corona), pero los casos más graves los articulados por los «barristers», especialistas en actuar ante los tribunales con la información facilitada por los anteriores.

Todo este desconocido funcionamiento del sistema judicial inglés lo explica muy bien nuestro columnista, el abogado Josep Gálvez, en sus publicaciones, que se pueden consultar pinchando sobre este enlace.

El exministro y diputado conservador, James Whitehouse, sentado en el banquillo de los acusados. En la foto pequeña, la amante, quien dice haber sido violada por el político. Foto: Netflix.

REMINISCENCIAS DEL «NO ES NO»

La «barrister» Woodcroft, especializada en la acusación de delitos sexuales, se ve ante el caso de su vida. Porque el acusado pertenece a la élite británica. A los privilegiados (si sabes inglés o si lo estás aprendiendo, escúchalo en el original, ponle, incluso, los subtítulos; lo vas a disfrutar) que casi siempre se salen con la suya sin consecuencias. Tiene su dosis de moralina, es cierto.

El protagonista de «Anatomía de un escándalo», James Whitehouse, es licenciado por la Universidad de Oxford, y es íntimo amigo del primer ministro conservador, con el que tiene un pasado.

La historia tiene sus reminiscencias del movimiento #Metoo, o del «no es no», en España. El político niega las acusaciones de violación y sostiene que el acto fue consentido mientras que ella niega haber dado su consentimiento.

Como buen «thriller» tiene sus giros inesperados que dejan al espectador con el asombro y pensando.

Son seis capítulos –se agradece que, por una vez, las historias no se estiren hasta el límite–, buena parte de ellos en juicio, ante un tribunal popular de 12 ciudadanos y ciudadanas que, tres meses más tarde de presentarse la querella –una rapidez que se agradecería en España–, tienen que enjuiciar los hechos.

En España las agresiones sexuales son juzgadas por tribunales colegiados

«Anatomía de un escándalo» es, en suma, una buena propuesta para pasar un buen rato con una buena historia magníficamente narrada por su directora, S .J. Clarkson y guionizada por David E. Kelley y Melissa James Gibson.

Un aviso: engancha.

El político con su abogada «barrister» en los pasillos de los tribunales donde está siendo juzgado por agresión sexual. Foto: Netflix.

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