2 de mayo de 1808: La rebelión de Madrid fue aplastada antes del mediodía pero provocó el levantamiento de toda España

por | mayo 2, 2022

Este día, que hoy conmemoramos en la Comunidad de Madrid como Fiesta Nacional, ha pasado a la historia de España como una jornada heróica, aunque, a efectos de resultados inmediatos, fue inútil. Porque los patriotas que se rebelaron contra el invasor francés fueron masivamente fusilados desde la noche de ese 2 de mayo hasta el 5 de ese mismo mes.

Una imagen que plasmó magistralmente Francisco de Goya en su cuadro, «Los fusilamientos del 3 de mayo», hoy en el Museo del Prado.

«Los fusilamientos del 3 de mayo», cuadro de Francisco de Goya, quien plasmó la venganza de las tropas francesas por el levantamiento el día anterior. Levantamiento que después se generalizó en toda España.

Aquellos sucesos, ocurridos hoy hace 224 años, prendieron la llama de la guerra de la Independencia y el levantamiento de todo un pueblo en contra del Ejército de Napoleón. De la misma manera que el pueblo ucraniano se ha rebelado contra la invasión rusa en nuestros días.

La presencia de las tropas francesas en España había sido propiciada por la firma del Tratado de Fontainebleau, el 27 de octubre de 1807, entre España y Francia por el que el gobierno del Rey Carlos IV había permitido el paso de las tropas francesas por territorio español con el fin de conquistar Portugal, aliada de Inglaterra.

El 17 de marzo de 1808 se produjo el motín de Aranjuez, que provocó la abdicación de Carlos IV en su hijo, Fernando VII, y, con ello, la salida de Manuel de Godoy, valido de Carlos IV –equivalente a un presidente de Gobierno actual–.

Seis días después Madrid fue ocupada por las tropas francesas del mariscal Joachim Murat, que fue recibido por Fernando VII como aliado. El monarca confiaba en que Napoleón cumpliera el mencionado. En ese momento, Francia ya había acumulado en España un total de 110.000 hombres.

Pero no fue así. Napoleón no cumplió con Fontainebleau. Al contrario, convocó a Carlos IV y a Fernando VII a un encuentro con él en Bayona, Francia.

El nuevo Rey llegó el 20 de abril, dejando una Junta de Gobierno en España. Sus padres, Carlos IV y María Luisa de Parma, llegaron diez días más tarde, el 30 de abril.

El emperador francés consiguió que los dos abdicaran en favor suyo el 5 de mayo de 1808. Napoleón cedió la Corona del Reino de España a su hermano José el 6 de junio. Una idea muy similar a la que tenía Vladimir Putin cuando decidió invadir Ucrania: suprimir al gobierno legítimo y sustituirlo por un gobierno títere.

LA CHISPA DEL LEVANTAMIENTO POPULAR

Ningún estamento militar español se sumó a aquel levantamiento popular del 2 de mayo. Las autoridades supremas de nuestros país, la Junta de Gobierno que designó Fernando VII antes de marcharse a Bayona, y el Consejo de Castilla no movieron un dedo.

Fue el pueblo en armas en defensa de la patria, en lucha contra el invasor. Sus dirigentes fueron hombres del pueblo o soldados de graduación inferior, como los capitanes de Artillería Luis Daoiz y Torres, Pedro Velarde y Santillán y Rafael de Goicoechea, y el teniente de infantería Jacinto Ruiz de Mendoza. Fue un movimiento espontáneo, sin organización previa, sin coordinación de ninguna clase.

Todo comenzó a las 8 y media de la mañana. María Luisa de Borbón, infanta española y exreina de Etruria, subió a un carruaje con sus hijos. Nada hacía presagiar lo que ocurriría después.

El cerrajero José Blas Molina y Soriano entró en el Palacio de Oriente y al poco tiempo salió gritando «¡Traición! ¡Nos han llevado al rey y ahora se nos quieren llevar a todas las personas reales! ¡Mueran los franceses!».

Los acontecimientos, a partir de ese momento, se produjeron a una velocidad de vértigo. «¡Que se llevan al infante!», dijo otro. «El infante» era Francisco de Paula, de 12 años, hijo menor de Carlos IV y de María Luisa de Parma.

El grupo de curiosos comenzó a aumentar. Una mujer dijo que el infante estaba llorando porque no quería marcharse. El grupo entró en Palacio a demostrar su cariño y adhesión al pequeño infante. Unos se precipitaron sobre los carruajes preparados para el viaje, cortaron los tiros de los caballos y mostraron su indignación contra lo que estaba ocurriendo.

El mariscal Murat fue informado de lo que estaba ocurriendo y que el pequeño grupo se estaba convirtiendo en una multitud. Envió a su edecan, Legrange, a recabar más información y este se encontró con la agresión de la multitud.

Pudo salvar la vida gracias a la intervención de un oficial y de un grupo de soldados franceses.

Grabado que recoge la rebelión del pueblo de Madrid contra los franceses ante el Palacio de Oriente.

ORDEN DE ABRIR FUEGO CONTRA LA MULTITUD

Para reprimitir lo que Murat consideraba un motín ordenó al batallón de Granaderos de la Guardia que, sin previo aviso, hiciera fuego contra la multitud española. Produjeron una masacre. Lo que provocó una reacción inmediata. El pueblo de Madrid se echó a la calle contra los franceses.

Hombres, mujeres y niños combatieron a los invasores con lo que pillaron. Con viejos fusiles, escopetas o pistolones, unos. Otros con palos o cualquier instrumento que pudiera servir de arma agresiva.

Desde los barrios populares hasta la misma Puerta del Sol se luchó encarnizadamente contra los escuadrones de mamelucos y de polacos la mañana de ese 2 de mayo.

Las mujeres de la Puerta de Toledo, el Rastro o la Plaza de la Paloma rajaron los vientres de los caballos de los franceses con cuchillos y tijeras y los cuellos de los soldados que cayeron en sus manos.

Entre muchos, se harían famosos, por su heroismo, Juan Malasaña y su hija, Manuela, González Blanco, y su esposa Clara Rey y Benita Pastrana.

Cien años después el Círculo de Bellas Artes inauguró esta placa histórica.

Los mencionados capitanes Daoiz, Velarde y Goicoechea y el teniente Ruiz de Mendoza, contra las órdenes impartidas por el ministro de la Guerra y el capitán general, repartieron las armas del depósito del Parque de Artillería de Monteleón a los ciudadanos que se habían levantado.

El combate fue encarnizado. Las divisiones de Murat avanzaron sobre ese acuartelamiento militar. Fueron rechazadas varias veces con los cañones de los que disponían. Los franceses pidieron refuerzos. Finalmente tomaron el parque. Fue el desenlace lógico porque solo eran un pequeño núcleo de oficiales liderando a paisanos inexpertos en el arte de la guerra.

No hubo prisioneros. Todos murieron defendiendo Monteleón.

A pesar de la experiencia de las tropas francesas, el levantamiento de Madrid produjo fuertes pérdidas entre sus filas.

A las 12 de la mañana Murat ordenó al Consejo de Castilla que saliera a la calle para apaciguar la ira popular, cosa que consiguieron.

Murat, sin embargo, no estaba por la labor de olvidar. Ordenó arrestar masivamente a los madrileños que se habían levantado contra ellos, constituyó una comisión militar que, a modo, de una corte marcial de pega, comenzó a dictar penas de muerte contra los españoles que se habían rebelado contra ellos.

Al anochecer de ese 2 de mayo, y durante tres días, las tropas francesas fusilaron de forma ininterrumpida a miles de patriotas en el Paseo del Prado, en las tapias de Jesús, en los patíos del Buen Suceso, en las Puertas del Retiro y la de Segovia, en la Casa de Campo y en otros lugares. La sangre española manchó los prados verdes de Madrid.

Las noticias de las ejecuciones se extendieron como la pólvora a los cuatro puntos cardinales de España.

Jamás sospechó Napoleón que aquel gran error sería lo que marcaría el principio del fin de su tiempo.

España, una tierra desconocida para él donde probaría por vez primera el sabor de la derrota militar acabando con su fama de invencible. Fue el comienzo de la guerra de la Independencia que conmemoramos hoy.

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